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20
Jan

Jóvenes con futuro

Written on January 20, 2010 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies

Rafael Puyol

Estamos preocupados por nuestros jóvenes y no es para menos. La crisis afecta decisivamente sus niveles de ocupación y desempleo y les hace vivir un presente azaroso e incierto debido a que muchos no encuentran trabajo y bastantes realizan actividades no deseadas, precarias, mal pagadas o en clara discordancia con su formación previa.

La última Encuesta de Población Activa (III Trimestre de 2009) daba 1,2 millones de jóvenes ocupados entre 20 y 24 años y 626.000 parados. La tasa de actividad de los menores de 25 años es del 51%, lo que indica un elevado número de inactivos. En contraposición, las tasas de empleo son bajas y las de paro muy altas puesto que rondan el 40% tanto en varones como en mujeres.

Y resulta especialmente lacerantes esta situación si tenemos en cuenta que hoy los jóvenes son menos que hace 20 años. En 1991 había 5,2 millones de personas de 18 a 25 años, debido a la llegada a esa franja etaria de las generaciones del "baby boom". En 2009 eran sólo 4,4 millones por la caída posterior de la natalidad. Y aún serían menos sin la inmigración de casi 800.000 personas de esas edades en los últimos años.

Resulta paradójica esa intensa relación inversa de que a menos jóvenes haya más desocupados entre ellos.

Y la situación de escasez relativa va a ir a más. Dentro de 10 años habrá 650.000 jóvenes (18-25) menos. Su problema no será entonces encontrar trabajo. Lo tendrán con mucha mayor facilidad. La incidencia laboral más importante será entonces el profundo desequilibrio entre los que se incorporen al mercado laboral (pocos) y los que saldrán de él (muchos debido a la llegada a la edad del retiro de las generaciones del baby boom). La demografía, pues, va a marcar inexorablemente el futuro del sistema de pensiones.

13
Jan

Rafael Puyol

Tras constatar que es una demanda social, un elemento esencial para la salida de la crisis, y que entre los interlocutores básicos del Pacto (Comunidades, partidos políticos, Conferencias Educativas) existe "disponibilidad y voluntad" para llegar a acuerdos, el Ministro lo ha declarado "viable" el Pacto sobre la Educación. Y ha lanzado un documento de bases, abierto al diálogo que define 9 ámbitos para el Pacto, con énfasis en una financiación suficiente, imprescindible para favorecer el impulso de las becas, la lucha contra el fracaso y abandono escolar, la escolarización temprana, la mejora de la F.P., la modernización del sistema, la internacionalización de la Universidad o la dignificación del profesorado.

Probablemente, llegar a ese deseable acuerdo financiero es sólo uno de los ingredientes del Pacto. Ni siquiera encontrar consensos básicos en las áreas educativas mencionadas, a las que hay que añadir el fomento de la cultura del esfuerzo y la flexibilidad, resolvería todos los problemas (contenidos de ciertas materias, vertebración del sistema, lengua de enseñanza). Pero, no cabe duda que sería un buen paso, acostumbrados como estamos a que los grandes cambios educativos se ejecuten con presupuestos anoréxicos. En este país hacemos mejor la literatura (las leyes) que las matemáticas (los presupuestos para desarrollarlas). Una buena norma puede convertirse en mala por la vía de la insuficiencia financiera.

Llegados a este punto lo más sensato es sugerir, como algunos ya lo han hecho, un pacto en dos fases. La primera sería el acuerdo razonablemente rápido sobre financiación y la mejora del sistema en aquellos aspectos académicos o técnicos que no suscitan grandes controversias. La segunda que permitiría pasar del Acuerdo al Pacto, consistiría en la búsqueda de un consenso o al menos de un acercamiento en asuntos más ideológicos o políticos. Sin duda es mucho más difícil, pero si supeditamos lo demás al logro de este consenso, el sistema seguirá anquilosado e ineficiente como hasta ahora.

27
Nov

Leer

Written on November 27, 2009 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies

Rafael Puyol

No tengo datos que permitan dilucidar si los jóvenes de hoy leen más o menos que los de antes. Solo poseo una intuición basada en mi experiencia académica: los chicos y chicas, todos los especímenes, leen mucho menos de lo deseable. Leen poco de todo, libros o periódicos, independientemente del formato. La carencia del leer se asocia con otras insuficiencias de los universitarios.

Son las de hablar bien, la de escribir correctamente y la de saber otros idiomas. Y creo que todas están relacionadas con su insuficiente hábito de lectura. No tienen tiempo para ello. Su mundo se agota en la televisión, la música estridente, los juegos de ordenador o el botellón, esa especie de red social etílica.

El resultado es esa estereotipada sociedad en la que vivimos donde regalar un libro de lectura a un joven se convierte en una extravagancia. Y así nos va porque la falta de lectura propicia los malos resultados que obtenemos en los informes internacionales y favorece el elevado fracaso escolar.

Por ello, iniciativas como la del Ministerio de Educación de lanzar un portal para fomentar la lectura, deben ser bienvenidas. Pero no estoy seguro de que resulten suficientes. Los niños y adolescentes no leerán, si no leen sus padres. Si las familias circunscriben los regalos a sus vástagos a las maquinitas, la ropa fashion, los móviles sofisticados o los videojuegos. Si, en definitiva, en la casa no se compran libros.

Les propongo un plan para estas Navidades. Si el bolsillo se lo permite, no dejen de comprar a sus hijos lo de siempre por superfluo que resulte. Pero este año añadan al lote un libro, dos, tres… o varios. Libros que se puedan leer y que creen dependencia. Les aseguro que no estoy al servicio del gremio de libreros. Simplemente es que no concibo la mejora de nuestro sistema educativo, si el país no es capaz de elevar su nivel de lectura.

10
Nov

Los jóvenes y la crisis

Written on November 10, 2009 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies

Rafael Puyol

La crisis es mala para todos, pero lo es especialmente para quienes, tras terminar sus estudios, quieren incorporarse al mercado laboral. Muchos jóvenes no encuentran trabajo ni en oficios para los que se formaron, ni en otros de menor cualificación. Y ahogan sus penas en el botellón o en otros consumos que les evaden temporalmente de una realidad amarga. Casi 1,3 millones de personas entre 20 y 29 años están buscando un trabajo y la tasa de desempleo de los menores de 30 años (30%) es muy superior a la media del país (18%).

Hay una tentación de comparar la situación actual con la que vivieron los jóvenes en los 70 y 80. También entonces tuvieron tasas de desempleo altas y se recurrió a la continuación de estudios como remedio temporal para paliar la escasez de la oferta. Pero hay una diferencia significativa entre los dos momentos. Los jóvenes que pretendían iniciar su actividad laboral entre 1975 y 1985 (entre los 20 y 30 años) pertenecían a las generaciones del "baby Boom" las más numerosas de la historia española. En cambio, los jóvenes que hoy acaban sus estudios proceden de la etapa de fuerte caída de la natalidad que se inicia a mediados de los 70. La verdad es que han tenido mala suerte ya que al ser cohortes más reducidas todo haría pensar que su inserción en el mercado de trabajo iba a ser muy fácil y que además iban a poder casarse pronto y tener hijos antes lo que aliviaría nuestra maltrecha nupcialidad y natalidad. Pero la crisis les ha pegado un zarpazo inesperado del que se libran mejor los más preparados y peor los que sólo tienen un nivel educativo bajo.

 

No obstante, la crisis pasará, el mercado de trabajo necesitará retroalimentarse y en él los jóvenes encontrarán el acomodo fácil que su escasez augura. Estos son los pronósticos de un demógrafo. Sólo hace falta que la Economía los haga suyos.

16
Oct

Educación (mejor) para la ciudadanía

Written on October 16, 2009 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies

Rafael Puyol

Resulta evidente que vivimos un momento decisivo para el futuro educativo de este país. Necesitamos salir de la crisis con un renovado modelo productivo que ha de considerar la formación de los recursos humanos una exigencia imprescindible. Hay un amplio consenso sobre esta necesidad y un convencimiento generalizado de que la educación no podrá jugar ese papel estelar si no corregimos muchas de sus insuficiencias y estrecheces.

Mejorar el sistema es cosa de todos, pero ya sabemos que las cosas de todos acaban no siendo de nadie. Es preciso reconocer el papel de cada instancia en el proceso formativo. Los padres y los profesores tienen el suyo, como lo tienen las asociaciones educativas o los sindicatos. Pero la contribución de éstas y otras instancias no será suficiente para hacer avanzar el sistema, si no hay acuerdos esenciales entre los partidos para fijar las grandes líneas de la Acción de Estado, y si no hay consensos entre el gobierno central y el de las comunidades autónomas para desarrollarla.

La ciudadanía sabe bastante bien lo que quiere y lo que necesita en materia de Educación que no es, ni por la calidad del sistema, las insuficiencias financieras, los excesos legislativos, o los protagonismos autonómicos, la que tenemos.

Los ciudadanos quieren una buena educación para todos que ofrezca una auténtica igualdad de oportunidades en todas las regiones del país. Esa es la verdadera voluntad política de los usuarios. Sólo hace falta que esa aspiración sea compartida por las diferentes fuerzas políticas, nacionales y autonómicas que tienen en sus manos la definición y la mejora del sistema.

La posibilidad de un Pacto Educativo es una buena idea, pero hay muchos ciudadanos que compartiéndolo, dudan de que sus representantes se pongan de acuerdo sobre su contenido. Es preciso, como decía el Ministro esta misma semana que "la voluntad política esté a la altura de la de los ciudadanos". Y que por lo tanto, ese pacto, ansiado por imprescindible, vea pronto la luz.

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