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28
Sep

Abuelos a la huelga

Written on September 28, 2010 by Rafael Puyol in IE Humanities Center

Por Rafael Puyol

La UGT andaluza ha llamado a los abuelos a la huelga general pidiéndoles que mañana no cuiden a sus nietos. Más allá del despropósito y la balandronada de esta solicitud, la exigencia ha venido a recordar dos hechos capitales: que hoy casi todos los nietos tienen abuelos y que éstos desempeñan un papel fundamental en la atención a los niños pequeños.

Más de la mitad de las personas nacidas a comienzos del siglo XX vinieron al mundo sin abuelos y bastantes de los que se alumbraron con ellos los vieron desaparecer al poco tiempo. En cambio, los hijos de las generaciones de la segunda mitad del XX poseen un abuelo en el 85% de los casos y una abuela en el 95%. Y, además, esos "mayores" les duran más tiempo debido al crecimiento de la esperanza de vida.

Que durante un tiempo largo vivan simultáneamente tres generaciones de una misma familia empieza a ser habitual, cada una con su función: los niños a la escuela, los padres (afortunados) al trabajo y los abuelos a su pensión y a sus nietos. ¡Qué sería de muchas parejas sin la ayuda esencial que ofrecen los abuelos! Son los verdaderos protagonistas de la raquítica "política de ayuda familiar" del país. Su tarea es discontinua, pero decisiva y su remuneración impagable, es decir, de esas que nunca se cobran.

Así que dejemos que la cumplan sin peticiones absurdas de brazos caídos. Sólo faltaba que hubiera piquetes contra la tercera edad por el cumplimiento altruista de su delicada misión. Bueno, todavía eso tendría un remedio parcial. Si los abuelos no atienden a sus nietos ese día, podrán hacerlo los bisabuelos porque también son cada vez más frecuentes las familias de cuatro generaciones vivas. Unos bisabuelos venerables con 75 u 80 años a los que, supongo, respetarán los piquetes.

27
Sep

Parker responde con hechos históricos a la situación social y económica actual

La semana pasada el profesor Rolf Strom-Olsen conversó con el historiador Geoffrey Parker en Hay Festival. Durante la conversación se abordaron diversos momentos históricos como el siglo XVI de Felipe II o la Guerra de Vietnam, en un recorrido que pretendía explicar el presente.

El historiador Geoffrey Parker comentó los  paralelismos entre diversas etapas de la humanidad en la conferencia Del cambio climático a las turbulencias económicas: los desafíos del liderazgo en perspectiva histórica, en el que el autor de libros como La gran Estrategia de Felipe II o La biografía definitiva de Felipe II, respondió a las preguntas formuladas por el profesor canadiense Rolf Strom Olsen.

Parker, distinguido historiador hispanista y profesor, cátedra en Andreas Dorpalen de la Ohio State Universwity, conversó con Strom, profesor de la IE School of Arts and Humanities, en un encuentro organizado a través del Hay Festival. Parker, trató con informalidad la actualidad mundial que conectó con periodos históricos anteriores, en especial del rey español Felipe II, en lo que el mismo denominó "tender puentes".

La conversación estuvo marcada en todo momento por estos paralelismos en los que se apoyaba Parker para explicar la realidad actual. La Armada Invencible, Lepanto o la II Guerra del Golfo fueron periodos tratados durante el discurso, en el que predominó la explicación sobre las características y planteamientos de los políticos del momento y su forma de proceder en una comparación entre las diferentes situaciones.

En la actualidad, "las democracias son más reacias a entrar en guerra", explicó Parker durante una de sus respuestas, sugiriendo que en muchos casos la información era la puerta para entrar o no en la contienda. La principal diferencia entre periodos, señaló Parker, es el nuevo convencimiento de las personas, "la sociedad no admite una guerra con miles de bajas, aunque haya jóvenes dispuestos a morir por su país, la obligación de los mandatarios es no enviarles", y es que la nueva situación económica y social engloba otras concepciones distintas.
La sala de actos de la Sede de Caja Segovia se llenó para escuchar las opiniones del escritor de fama mundial, de los que destacaban un gran grupo de jóvenes. Parker, al finalizar el encuentro, pasó por el cercano Mesón El Cordero para firmar libros entre sus lectores.

El artículo arriba fue publicado el viernes 24 de septiembre en la sección de cultura del Adelantado

24
Sep

Diaghilev and the Golden Age of the Ballets Russes

Written on September 24, 2010 by Banafsheh Farhangmehr in IE Humanities Center

By Victoria and Albert, London

Monumental and arresting … Pablo Picasso's drop curtain for Le Train Bleu ballet, at the V&A in London. Photograph: Peter Macdiarmid/Getty

When Lydia Lopokova, a former Diaghilev ballerina, went to see her old company perform in Paris in 1924, it was Picasso's drop curtain for the ballet Le Train Bleu that most impressed her. She found it "moving and alive". The ballet itself has long disappeared, but the drop curtain, of two women bounding along a beach, has survived. And for the first time in three decades, it's on public view, part of the V&A's magnificent celebration of Diaghilev's troupe, the Ballets Russes.

The curtain, hung from ceiling to floor, looks monumental: the rosy solidity of the women's bodies, the cloudy blue of the sky, all on an awesome scale. It's a startling reminder of the size of the stage where the ballet was premiered. But even more arresting are the tiny holes and creases on the curtain's surface – testament to the hard-working life of Diaghilev's troupe as it toured the world between 1909 and 1929.

During those years, Diaghilev famously corralled an extraordinary array of talent to collaborate on the ballets he presented, to which the 300 items in this exhibition pay scrupulous and moving tribute. There are cubist sets and costumes by Picasso, surrealist costumes from De Chirico, jewel coloured costumes from Matisse, along with contributions from Braque. All offer a fascinating slant on the artists' painterly concerns. Some are familiar, some I've never seen before – including an earnestly bizarre industrial set for the 1927 ballet Le Pas d'Acier, designed by the Russian constructivist painter Yakoulov.

The exhibition takes a chronological course through the company's history, pausing on certain individuals and themes. A whole section is devoted to Nijinsky, allowing you to ponder how a dancer whose jump became world famous could defy gravity in costumes so heavy and ornate. En route, the exhibition also accumulates vivid souvenirs from the wider historical context. Early exhibits, indicating the culture out of which the Ballets Russes was born, feature period film of the kind of overstuffed, sentimental ballets that were current before Diaghilev and his radical choreographers changed the artform for ever.

But it's the emotional power of the little objects that hits you, reminding you of the day-to-day labour that went into the creation of the Ballets Russes legend: a display of ballet shoes, stained and worn; the manuscript for Stravinsky's Firebird, crisscrossed with pencil and blue crayon; and, most touching of all, a collection of Diaghilev's personal items – his travel clock, his top hat and the opera glasses through which he watched his triumphs (and occasional disasters) take shape on stage.

As published in guardian.co.uk

23
Sep

Viajes a las ruinas

Written on September 23, 2010 by Manuel Lucena Giraldo in IE Humanities Center

Por Manuel Lucena Giraldo (Profesor Asociado de Humanidades del IE)

En el mundo post 11-S, la revisión de la teoría de las ruinas y la reflexión sobre el lugar que ocupan en la cultura global suponen un ejercicio de dificultad, pues la pérdida de sentido del pasado descualifica su existencia. La teoría del espectáculo se ha apoderado de todo, de manera que en el solar del genocidio de tantas vidas algunas propuestas auspiciaron nada menos que la conversión del lugar en parque temático, al modo de un laboratorio vocinglero de la ira colectiva. Otros, como el ex presidente y escritor checo Václav Havel, propugnaron el respeto debido a un lugar de holocausto. Al fin, parece haber triunfado la sensibilidad inmobiliaria, el jardín minimalista del recuerdo en un margen, las torres en número par elevadas al cielo alrededor como un desafío, el lenguaje de la corrección política envolviendo en celofán el drama no resuelto. Habrá multitudes que integren en su recorrido por Manhattan, lo hacen ya, la visita a la zona cero. A diferencia del pasado, como evidencian los trabajos que aquí presentamos, la ruina no es ya materia que asiente una reflexión moral tendente a la mejora del carácter, o facilite una meditación activa sobre el presente y el futuro de las civilizaciones. Tampoco evoca un placer sentimental y estético o suscita una magia creadora. Apuntalada por Rilke como «lo terrible que no podemos soportar», la ruina supone, según la magnífica profecía de Alfred Jarry en su Ubú, encadenado, editado en París en 1900, algo que debe ser demolido para levantar encima edificios. Pues como señala en una justificación a todas luces innecesaria, «no lo habremos demolido todo, a menos que hayamos demolido también las ruinas».

20
Sep

Estudiantes, trabajadores, parados

Written on September 20, 2010 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies, IE Humanities Center

Por Rafael Puyol

Se puede estar con exclusividad en cualquiera de esas situaciones. Una exclusividad relativa porque los estudiantes quieren acabar su carrera y ponerse a trabajar. Los trabajadores pretenden jubilarse algún día. Y los parados dejar cuanto antes esa situación y volver a estar ocupados. Pero las tres posibilidades admiten mezclas con una principal y otra subsidiaria. Hay estudiantes que ocasionalmente pueden desempeñar una ocupación a tiempo parcial. Hay trabajadores que periódicamente dedican una parte de su tiempo a la formación. Cada vez el proceso educativo se considera como un continuo que cambia la idea de la educación para toda la vida por la de educación durante toda la vida. Es el "life long learning" de los anglosajones que permite a los activos de cada momento adquirir nuevos conocimientos, actualizar los que tienen o perfeccionar sus capacidades, destrezas y herramientas de trabajo. Y hay parados que, inducidos o no por la Administración, utilizan su desocupación temporal para formarse más o mejor.

Pero no mistifiquemos la situación. Esas personas son desempleados auténticos y no otra cosa. Hurtarlos de las estadísticas de paro es como hacer trampa en un solitario. Lo cual no supone evidentemente una crítica a que por lo menos un millón y medio de personas realicen cursos de formación o estén en otras posiciones como percibir subsidios agrarios o beneficiarse de la ayuda de 420 euros. Ni por supuesto ningún derrotismo con intenciones espúreas. Es el simple reconocimiento de una realidad.

En fin, quedémonos con el lado positivo de la situación y no con ese burdo maquillaje de las cifras. Que nuestros trabajadores reciban formación complementaria es bueno. Que lo hagan sólo en tiempos de crisis es insuficiente. La costumbre, más allá de ese travestismo contable, debería extenderse con la misma amplitud a los tiempos de bonanza.

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