Archive for the ‘Arts & Cultures & Societies’ Category

31
Oct

Vicios privados, virtudes públicas

Written on October 31, 2007 by DeansTalk in Arts & Cultures & Societies

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En estos días de sombras políticas
nacionales e internacionales me viene a la memoria la figura de Bernard de Mandeville
médico y filósofo de origen holandés y su gran obra“ La Fábula de las Abejas
situada en la Inglaterra de principios del siglo XVIII.

Ese contexto histórico convulso, marcado
por el destronamiento de Jacobo II de Inglaterra por Guillermo de Nassau en la
revolución de 1688, la inquietud causada por la muerte de Ana Estuardo, hija de
Jacobo II, el ascenso al trono de la Casa de Hannover en 1714, la fuerza cada
vez mayor adquirida por los jacobitas que parecía amenazar la estabilidad de
Inglaterra, y la quiebra de las legitimidades religiosas desde el siglo XVII,
renovaron la insistencia de las fuerzas conservadoras y moralistas de la época
en la importancia de la virtud y el espíritu cívico para conservar la cohesión
de la sociedad. Una sociedad en fuerte cambio, con crecimiento acelerados de
los centros urbanos y condiciones de vida precarias de las clases humildes. En
esta inestabilidad tanto política como económica, se consideró la necesidad de
instruir moralmente a la sociedad dando paso a lo que se llamó el Humanismo
cívico basado en la creencia de la necesidad pública de controlar la
inmoralidad privada.

Mandeville se opuso a esta corriente y, por
lo tanto, a la idea de la necesidad de reprimir el vicio privado en beneficio
del bienestar público de la Nación. Rechazó la interpretación moral de la vida
pública achacándole que no entendía al Hombre, y que la verdadera fuerza que lo
impulsa no es otra que el interés propio o el egoísmo. Elabora una teoría del
progreso y del funcionamiento de la sociedad basada en los actos de interés
propio al individuo en la que sustituye virtud y civismo por egoísmo y riqueza
comercial. Para Mandeville aquellas cosas que los moralistas del XVIII
consideraban viciosas eran precisamente las pasiones que contribuían a la
prosperidad material. Por lo tanto, el Hombre debía aceptar su egoísmo natural
y hacer uso adecuado de él convirtiendo el vicio en virtud. La cohesión social
se basaba en la mutua necesidad y no en la virtud religiosa. El progreso social
surgía de las pasiones y los vicios de los hombres, y sus pasiones, estaban
compensadas por el interés, permitiéndoles vivir en paz.

Nos recuerda que las demandas de reforma
moral están a menudo suscitadas por el egoísmo, la hipocresía o el orgullo e
insiste en que, en toda sociedad compleja, el vicio se mezcla con la virtud,
que nunca es nexo de unión social.

La Fábula de las abejas habla de las
complejas relaciones entre el bien y el mal, o entre virtudes y vicios, o de la
certeza de la difícil transformación de los intereses personales en la vida
económica en una función del bienestar colectivo. La formula “vicios privados,
virtudes públicas” es esa “fuerza que quiere crear el mal y siempre crea el
bien” como diría el Mefistófeles de
Es la idea de Goethe la “insociable sociabilidad” kantiana o la de la “mano invisible”
de Adam
Smith
.
Es la idea liberal, según la cual, el bien común o el interés de la
colectividad, sólo es posible a través de la búsqueda individual del propio
interés o beneficio. Es el afán de todo hombre por conseguir más, y el eterno
sentimiento de insatisfacción que le lleva a hacer cualquier cosa por obtener
lo deseado. Es, como diría Max Weber,
el paso de la búsqueda del daimon al pacto con el diablo: mi próximo tema.

31
Oct

Julián Montaño

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Cuando ya tenía en mente escribir algo sobre la Caída del hombre (cosa tan recóndita y tan cotidiana) he visto el post de Fernando y de Arantza, así que Felicia, escribo sobre todo junto. En visperas de los días en que se celebran las postrimerías y la Última Hora de aquellos que han sufrido la Caída (el viernes) y de aquellos que se reunen todos juntos al final del proceso que empieza con la Caída (el jueves) termino yo reuniendo en mi post sobre postrimerías a Fernando, a Arantza, a Miguel y a ti.

Felicia, a mi me gusta distinguir dos relatos de la Caída que tienen que ver con los dos relatos fundamentales que se dan sobre la redención (el alzamiento tras la caída). Uno que cuenta que la Caída consiste fundamentalmente en la pérdida de un vínculo exterior del hombre, el vínculo que lo une con el Creador, fundamentalmente la ruptura de un pacto o el incumplimiento de una prescripción. El otro es el relato que cuenta que es la pérdida de un vínculo interior del hombre, el desencuentro o la desconexión con una fuente interna. El primer relato tiene una vigencia milenaria, el segundo es la versión que de éste empezó en el S. XVI con Lutero: la caída es la consecuencia del alma sin fe que no acepta la acción interior de la Gracia debido al pecado. Esta versión del relato de la Caída sigue una historia que va desde Rousseau (el hombre alejado de la Naturaleza inocente debido al prejuicio de la cultura), las Luces (el hombre apartado de su justo estado de Razón debido a la impostura), los Románticos (el hombre sacado del estado de inmersión en la Naturaleza primigenia debido al ejercicio impío de la razón) o los poetas simbolistas y las vanguardias (el hombre apartado de su poder Creador debido a su empecatado aburguesamiento) o Marx y Freud (el hombre apartado de su estado de justicia original debido a la enajenación del trabajo o al imperio del super-yo).

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30
Oct

Bolonia

Written on October 30, 2007 by Administrador de IE Blogs in Arts & Cultures & Societies

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Miguel Herrero

Cuando la razón no es guía, me gusta seguir las señales que la intuición distingue sin saber por qué, y aunque así no duraría media hora en los casinos de Las Vegas, no es éste un mal sistema para elegir temas de blog. Y la interpelación de Julián el miércoles pasado (¿Qué hay en el norte de Italia?) es una de estas señales que se agradecen con ganas, porque hace tiempo que quería rendir homenaje a la ciudad en la que he encontrado todo lo que la vida pueda ofrecer y aún mucho más. Pero me resisto a caer en el feo vicio de la autobiografía no solicitada, y cuento algunas de las glorias de Bolonia.

Las historias superficiales del arte con que la mayoría estudiamos en la escuela citan de pasada a Guido Re ni, los Carracci o al Guercino, porque saltan, como si fuera una carrera de obstáculos que llega hasta Picasso, de los maestros de Toscana y Roma a los de Venecia sin parar mientes en la Emilia. Y de repente uno descubre el gran fresco de Reni sobre la tumba de Santo Domingo (labrada por Arnolfo di Cambio y Miguel Ángel) y tiene la impresión de que ha encontrado por fin la conjunción absoluta de la belleza, la fuerza y la armonía. Y al primer impulso de indignación porque el mundo no lo admire a la altura de los más grandes artistas, sucede el alivio de que su obra no esté siempre rodeada de muchedumbres con la cámara de vídeo que sin duda son la causa por la que sonríe la Gioconda asediada en el Louvre.

Lo que sucede con sus artistas es símbolo de lo que le ocurre a una ciudad. Emparedada entre Venecia y Florencia, hace tiempo que pasa inadvertida para los grandes grupos de turistas, porque no es tan fotogénica como sus vecinas para retratarse con el gran monumento y presumir después. Pero el encanto de sus kilómetros de soportales, sus palacios de piedra y ladrillo, decorados con terracotta fuera y frescos dentro, sus patios y plazas, es inigualable. Y la ausencia del turismo de masas la deja por fortuna en manos de los estudiantes y los boloñeses, orgullosos como nadie de su histórica ciudad. Porque no sólo es la capital de la pasta fresca, los tortellini y tortelloni (para la pasta seca, vaya Vd. a Nápoles), y de la dolce vita, sino que es lugar de grandes gestas, donde la historia de Italia se refleja como en un tubo de ensayo.

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29
Oct

Private Vices, Public Virtues

Written on October 29, 2007 by Arantza de Areilza in Arts & Cultures & Societies, Literature, Philosophy

(Click here for this post in Spanish)

Arantza de Areilza

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In these shadowy days of national and international politics, the memory comes to me of the figure Bernard de Mandeville, doctor and philosopher, of Dutch origins and his great work “The Fable of the Bees” situated in the England at the beginning of the 18th century. 

This context of historic upheaval, marked by the dethroning of James II of England by William of Orange-Nasseau in the revolution of 1688, the stir caused by the death of Ann Stuart, daughter of James II, the ascension to the throne of the House of Hanover in 1714, the continuing strength acquired by the Jacobites which seemed to threaten the stability of England, and the bankruptcy of religious legitimacies since the 17th century, the insistence of conservative and moralistic strength of the age, in which the importance of virtue and the civic spirit to conserve the cohesion of society was renewed.  A society in the midst of drastic change, with accelerated growth of the urban centers and precarious living conditions of the humble classes.  In this instability, political as well as economic, he considered the public necessity to morally instruct to the society taking steps to what was called Civic Humanism, based in the belief of the public necessity to control private immorality. 

Mandeville resisted this course and, and therefore, the idea of necessity to repress private vice to the benefit of the well being of the Nation.  He rejected the moral interpretation of public life, attributing it to those who did not understand Man, and that the true force which controls is nothing other than personal interest or selfishness.  He expanded on a theory of progress and of the functioning of society based upon acts of individual interest in which virtue and civility are substituted for selfishness and commercial wealth.  For Mandeville, the things that the moralists of the 18th century considered vices were precisely the passions which contributed material prosperity.  Therefore, man should accept his natural selfishness and make adequate use of it converting vice into virtue.  The social cohesion was based in a mutual necessity and not in religious virtue.  The social progress arose from the passions and vices of men, and their passions, were compensated by the interest, allowing them to live in peace. 

This remind us that the demands of moral reform are often aroused by selfishness, hypocrisy or pride and insist that, in every complex society, vice mixes with virtue, which is never a nexus for social unity. 

“The Fable of the Bees” speaks about the complex relations between good and evil, or between virtues and vices, or of the certainty of the difficult transformation of personal interests in economic life in the function of a collective well being.  The formula, “private vices, public virtues” is this “force that wants to create evil and always creates good” as Goethe’s Mephistopheles would say.  It is the idea of Kantian “unsociable sociability” or Adam Smith’s “invisible hand.”  It is the liberal idea, according to which, the common good or the collective interest, is only possible through the individual search of their own interest or benefit.  It is the desire of all men by obtaining more and the eternal feeling of dissatisfaction which leads them to do whatever they can to obtain the desired.  It is, as Max Weber said, the step of the search of the daemon to the pact with the Devil: my next theme. 

27
Oct

Velo islámico. Derechos y deberes.

Written on October 27, 2007 by DeansTalk in Arts & Cultures & Societies

Fernando Fontes

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En las últimas semanas se ha reproducido en España la polémica sobre si se debe autorizar o no la asistencia a colegios públicos de niñas llevando el velo islámico. Esta polémica, como todos sabemos, no es única en España sino que existe en todos los países europeos, habiéndose resuelto de diferentes maneras.

Mi opinión, vaya por delante, es que no se debe autorizar la asistencia a clase con el velo islámico. Y ahora voy a tratar de justificarlo en base a los siguientes argumentos:

1.-  Laicidad del Estado, entendida como separación absoluta entre Iglesia (religión) y Estado. Este es uno de los mayores avances de las sociedades occidentales y responsable del desarrollo, en todos los órdenes, científicos, tecnológicos, morales, culturales, etc. de estas sociedades frente a las que no han conseguido esa separación entre religión y Estado. En las instituciones públicas de los Estados laicos  no debería haber ningún símbolo religioso, sea de la creencia que sea.

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