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Otra vez la inmigración

INSTITUTO DE EMPRESA.  PROFESORES [1]Por Rafael Puyol, Vicepresidente de Fundación IE

Durante el 2015 el país perdió algo más de 11.000 habitantes. Hubo más muertos que nacidos (2.753) y tuvimos más emigrantes que inmigrantes. Nuestra situación demográfica sigue deteriorándose de acuerdo a un modelo que pasó de fuerte crecimiento a la actual situación de involución demográfica. Cada vez somos menos y cada vez somos más viejos. Sería bueno que la situación se reinvirtiera y volviéramos a crecer mediante una mejora de las tasas de natalidad que superasen de nuevo a las de mortalidad. Pero mientras no nos tomemos este asunto en serio y el envejecimiento galopante siga elevando los muertos, la vía va a ir agotando paulatinamente sus posibilidades.

En este panorama, ciertamente nada halagüeño, las cifras de migración que acaba de publicar el INE parecen dar un respiro. Es verdad que el saldo migratorio continúa siendo negativo, pero los balances entre los que se van y los que vienen (o vuelven) empiezan a ser mejores.

Todo el mundo se ha echado manos a la cabeza al saber que en 2015 se marcharon casi 100.000 “españoles”. La cifra es alta y no quiero minusvalorarla, pero sí matizarla a través de dos tipos de consideraciones: la primera es que de ese volumen sólo eran españoles nacidos en España 64.000; el resto habían nacido en el extranjero, inmigrado al país, obtenido la nacionalidad española y vuelta al origen. La segunda, es que frente a los 100.000 que se fueron vinieron 52.000 por lo que el auténtico saldo migratorio es de la mitad, casi un 20% menos que el año anterior. Y si hablamos de extranjeros el panorama se recupera porque, por primera vez desde 2010, el balance vuelve a ser positivo. Salieron medio millón, pero vinieron casi trescientos mil.

No me extrañaría, por lo tanto, que con la llegada de nuevos extranjeros y la salida de menos españoles, el saldo migratorio general vuelva a ser positivo en poco tiempo y que por esta vía volvamos a recuperar el crecimiento de nuestra población. Pero incluso esta posibilidad no debería justificar que no se implanten de una vez políticas que permitan la recuperación del crecimiento interno.