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La muerte de Ulises

INSTITUTO DE EMPRESA.  PROFESORES [1]Por Rafael Puyol, Vicepresidente de Fundación IE

Los amantes de la novela negra con sabor mediterráneo estamos de enhorabuena con las recientes publicaciones de tres de los autores más consagrados del género: Donna León y “Las aguas de la eterna juventud”; Andea Camilleri, que ofrece “El caso Santamaría”; y Petros Márkaris, con la “Muerte de Ulises”.

Todos son buenos narradores de los avatares políticos, sociales y económicos de los lugares donde viven y en los que transcurrido la mayor parte  de su fecunda vida: Vencia es para Donna León la ciudad de sus novelas; Sicilia, el territorio para las de Camilleri; y Grecia, particularmente Atenas, para las de Márkaris.

Muchas veces he recomendado la lectura de las obras de este autor, armenio de origen, turco de nacimiento y griego de adopción. A través de ellas y del personaje estelar que ha creado, el comisario Kostas Jaritos, se puede seguir la azarosa historia reciente de este país. Su tetralogía de la crisis es la crónica negra de la versión contemporánea de la tragedia clásica. Y ahora, con la muerte de Ulises, Markaris vuelve a tocar un tema actual para Grecia y Europa como es la crisis de los refugiados.

El libro habla de más cosas porque es un conjunto de ocho relatos cortos hilvanados con sutileza, pero los cuentos sobre refugiados constituyen una referencia básica de uno de los dramas humanos más dramáticos que nos ha tocado vivir. Grecia sufre hoy día en primera persona lo que experimentó en sus propias carnes a lo largo del siglo XX, cuando sus ciudadanos, perseguidos en Turquía tuvieron que volver al país.

Márkaris recrea los tres escenarios en los que ha transcurrido su vida: Turquía, Grecia y Alemania. Y refiere historias de los turcos en Alemania y de los griegos en Turquía. Sus vidas, sus azares, sus aspiraciones, sus problemas, las persecuciones a manos de organizaciones xenófobas como los lobos grises en Turquía o Aurora Dorada de Grecia, están descritas con la sencillez narrativa de los grandes maestros. En medio de un drama de tan colosales proporciones, leer a Petros es un soplo de aire fresco.