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Política de Estado

INSTITUTO DE EMPRESA.  PROFESORES [1]

Por Rafael Puyol, Vicepresidente de Fundación IE

Los datos del último Movimiento Natural de la Población constituyen una nueva vuelta de tuerca a la maltrecha demografía española. El padrón a 1 de enero de 2014 ya nos adelantó que la población había decrecido en 405.000 personas respecto a la del 2013 debido al balance negativo de las migraciones con el exterior, no compensadas por el crecimiento natural. Y ahora las cifras de nacimientos y defunciones nos certifican la modestia del crecimiento interno, que se redujo el año pasado a 36.000 personas, el saldo más pequeño desde 2000.

El número de nacimientos de 2013 ha sido el más bajo desde el comienzo de la crisis (425.000) y por supuesto queda lejos de los 670.000 que tuvimos en los años del baby boom. La caída de la fecundidad, la disminución de mujeres en edad de procrear, incluidas las extranjeras, o lo tardío de los primeros alumbramientos explican lo esencial de este retroceso. En cambio, los fallecimientos aumentan como resultado del envejecimiento. Con un 18% de población de 65 años y más, España se sitúa en el pelotón de cabeza del envejecimiento mundial.

Y lo malo es que lo peor está por venir. Las proyecciones no prevén que la natalidad se recupere, que la mortalidad disminuya, que las migraciones vuelvan o que el envejecimiento se amortigüe. Vamos a ser un país de menos personas, cada vez más viejas. Pero no debemos caer en una melancolía demográfica.  

Si la situación laboral mejora volveremos a tener inmigrantes y eso será bueno para la economía y para la demografía. Pero deberíamos ser capaces de recuperar nuestro propio crecimiento interno mediante un impulso a la natalidad. Hasta ahora sus asuntos se han resulto en la más estricta intimidad familiar, cuando en realidad son una cuestión de Estado. Necesitamos una auténtica política de ayuda familiar que no se apoye exclusivamente en las desgravaciones fiscales o las ayudas puntuales por nacimiento que pueden ser útiles, pero no suficientes. La mejor política es que haya empleo digno y seguro para los jóvenes, si bien el censo de acciones necesarias ha de incluir el acceso a la vivienda para las nuevas parejas, subvencionar las guarderías o definir una buena política de conciliación entre la vida laboral y familiar. No podemos aspirar a tener la mejor política familiar de Europa, pero sí a no tener una de las más débiles.