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La primera estrella de los Juegos no es un deportista

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La primera estrella de Londres 2012 no es un deportista. Es el director de cine y creador artístico de la ceremonia inaugural, Danny Boyle, que provoca inquietud entre los amantes de los animales, se peleó con el equipo de la OBS ­–la organización del COI encargada de servir al mundo las imágenes de los Juegos– y se ha enfrentado con la BBC, a la que exige que no realice comentarios durante la ceremonia porque esta será como una película en vivo y ya se entiende sola, sin que nadie la explique.

Boyle, director de Trainspotting [2] y ganador de un Oscar por Slumdog Millionaire, [3] ha trasladado a los Juegos el divismo del mundo del cine, lo que ha incrementado la expectación en torno a la ceremonia inaugural.

Londres compite con un rival de cuidado: la inauguración de Pekín 2008 fue la más espectacular de la historia, [4] aunque a un coste estimado en más de 100 millones de dólares (83 millones de euros), muy por encima de los 27 millones de libras (35 millones de euros) de Londres. La diferencia tiene que salir de la imaginación.

Lo poco que se ha explicado sobre el proyecto causó sorpresa y cierto escepticismo: el césped del estadio olímpico de Stratford se convertirá en una bucólica escena de la campiña inglesa, con sus valles, colinas, su lluvia artificial, mucha hierba y unos cuantos animales vivos, como 12 caballos, tres vacas, dos cabras, 10 pollos, nueve gansos, 70 ovejas y tres perros pastores.

Boyle se comprometió por escrito a que los animales vivirían un retiro dorado después de la ceremonia, pero no podrá cumplir su palabra porque están adiestrados para participar en espectáculos y sus propietarios no piensan jubilarlos. Los defensores del bienestar de los animales le acusan ahora de haberles mentido.

Más calado tiene su enfrentamiento con la OBS. Boyle quiere tratar la ceremonia como una representación visual, no como un espectáculo deportivo, y exigió trabajar con su propio equipo. Hace unos meses se llegó a un pacto: la gente de Boyle cubriría el espectáculo y la OBS el protocolo, como el desfile de participantes y el izado de la bandera olímpica. Pero las heridas se reabrieron en dos frentes: no se ponían de acuerdo sobre el emplazamiento de las cámaras y el espectáculo del director británico se pasa de tiempo.

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