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Eduardo Arroyo: “Mi obra es respetuosa. No hay burla, ni provocación, ni sacrilegio”

[1]Entre 2008 y 2009, el pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) acometió el proyecto de plasmar una visión personal y en blanco y negro del políptico del Cordero místico (h. 1432), de los hermanos Hubert y Jan van Eyck, conservado en la catedral de San Bavón en Gante y considerado uno de los iconos del arte occidental. Para ello dibujó, “al límite de la obsesión”, a lápiz sobre papel vegetal y al mismo tamaño del original, su interpretación de los 21 paneles que componen el famoso retablo. Por un lado, el contorno de las figuras en sus dibujos es preciso pero esa fidelidad hacia el original contrasta con la propia lectura que de ellos hace Arroyo, que no es otra que la de una reflexión sobre el mundo contemporáneo.

Junto a los enormes dibujos, en la exposición se ha intentado recrear el taller del artista en torno a este trabajo (“mi Cordero“, en palabras de Arroyo). Como si de su mesa de trabajo se tratara, se han reunido 30 dibujos y materiales preparatorios, como fotocopias de libros de los personajes delCordero místico que le sirvieron de punto de partidaestudios íntimos de éstos o bocetos en color en los que analizó la iconografía de cada panel, que explican al espectador el proceso creativo de suCordero.

Moscas como Stukas

El conjunto se ve acompañado en la exposición por tres piezas del artista, tres moscas que son un elemento recurrente en su obra, “un animal talismán”. De hecho, Arroyo ha prescindido de recrear el panel central del Cordero y convierte los personajes que pueblan el centro de la representación en “una tapicería sistemática, una bandera blasonada de moscas dobladas (…)”; “En Cordero está mi tapicería de moscas ordenadas como aviones Stukas en reposo tras horas de caza. Se trata de mostrar lo inmostrable (…)”.

Para contribuir a recrear el ambiente de una capilla, la exposición incluye la tabla conservada en el Museo La Fuente de la Gracia, de la escuela de Jan van Eyck, que sirve también como contrapunto de la época al tratarse de otra reinterpretación inspirada en la obra maestra de Gante aunque con ciertas diferencias, como el mayor desarrollo de la arquitectura del baldaquino y la disposición del Cordero a los pies del Creador.

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