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Los hijos tardíos

[1]Por Rafael Puyol, Vicepresidente de IE Foundation

El pastor protestante inglés Rober Malthus, uno de los grandes pensadores sobre la población propuso para regular el tamaño demográfico un matrimonio tardío y dentro de él lo que denominó la continencia moral, es decir una cierta abstinencia para evitar que las parejas tuviesen muchos hijos. Y él mismo, clérigo al fin, predicó con el ejemplo puesto que no se casó hasta los 38 años y lo hizo con una mujer de 28, pese a lo cual el matrimonio tuvo tres hijos. Qué lejos estaba el primer gran demógrafo de vislumbrar que el matrimonio retrasado y el tardío alumbramiento de los hijos se iban a convertir en práctica habitual de nuestras sociedades. La diferencia fundamental es que él preconizaba el principio para evitar una fecundidad excesiva y en cambio ahora, los retrasos se producen en un contexto de fecundidad muy baja. Vean sino los últimos datos sobre la natalidad española. Los 460.000 nacimientos que se calculan para el 2011 tan sólo suponen un número medio de hijos por mujer de 1,3. Eso quiere decir que estamos a una cierta distancia de los que serían necesarios para renovar las generaciones (2,1 hijos por mujer). Los factores de esa escasez de nacimientos son variados, pero entre ellos es preciso retener la tardía edad media a la maternidad que viene creciendo desde hace más de un cuarto de siglo y que hoy rebasa los 31,3 años. Y claro cuando el primer hijo se alumbra tan tarde lo normal es que no se tengan muchos más. La recomendación de Malthus se ha convertido en costumbre. Por supuesto que las mujeres podrían parir más hijos a los treinta y tantos o incluso cuarenta y tantos  años, pero lo cierto es que no ocurre así. El modelo de “pocos hijos tardíos” se ha instalado en nuestras sociedades y va a ser muy difícil cambiarlo. Y algo deberían hacer porque no es una buena situación para el país.