- Humanities blog - https://humanities.blogs.ie.edu -

Los árbitros

Por Rafael Puyol, Profesor de IE School of Arts & Humanities

[1]Hace tiempo que deseo escribir sobre los árbitros de fútbol y además hacerlos de forma positiva. Son tan vituperados que de vez en cuando merecen una alegría. Empezaré diciendo que son gente admirable, sacrificada, abnegada y honesta. Aquello de que los árbitros trapicheaban  ha pasado a la historia. Ya no puede repetirse la historia que me contó mi amigo Teo que una vez compró a un árbitro en beneficio  de un conjunto asturiano; pero era tan malo el equipo que acabó metiendo el gol de la victoria decisiva un defensa contrario, lo que el árbitro recibió un alborozo corriendo hacia el centro del campo y gritando: gool…… gooool.

Ahora los árbitros son como el cariño verdadero: ni se compran, ni se venden. Pero eso no les impide ser el blanco de todas las iras del respetable cuyos excesos verbales le lleva a manejar epítetos contra ellos de lo más variado. Unas veces extraídos del mundo vegetal o animal como melón, burro, besugo, acémila o cabrón; otras derivadas de la vida política como aquella de “ árbitro Zapatero”; y algunas más directamente procedentes de las relaciones materno-filiales como el escueto “hijo puta”.

Y a veces no nos damos cuenta de que estos juegos de artificio constituyen una vía de escape de los sinsabores en los que vive la gente. Casi dría que es mejor que los árbitros lo hagan mal ya que así el paisanaje se va a casa tranquilo, come las croquetas de la parienta si rechistar y se va a la cama desfogado.

Una vez propuse un monumento a las mujeres “sándwich”. Ahora las insinúo un monumento al trencilla cuyo boceto ya tengo en la cabeza. En él, el árbitro aparece sobre una peana de hinchas airados. Su cuerpo se cimbrea ligeramente hacia el área, con la mirada atenta, el gesto firme, los ademanes claros, las tarjetas insinuadas y el pito en ristre. ¿A qué les gusta?