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LEHENENGO DENBORA: SOLEDAD FRENTE AL TERRORISMO

Por Arantza de Areilza, Decana de IE School of Arts & Humanities

[1]Una mayor acción multilateral y solidaridad internacional podrían haber ayudado en aquel tiempo, lehenengo denbora, en el pasado, a acabar antes con ETA.

Europa está de enhorabuena. España, el pueblo vasco y la democracia se separan de la amenaza y la tragedia que los ha acompañado durante 43 años. El terrorismo más primitivo inicia el principio de su fin. El comunicado del cese definitivo de la violencia armada que hizo la banda terrorista ETA el pasado 20 de octubre a través de un pendrive a la BBC y al diario abertzale Gara, seguido de una puesta en escena de anacrónico déjà vu, nos anuncia que, pese a los problemas por venir y los posibles retrocesos, algo tan alejado de los usos cotidianos de las naciones avanzadas está tocando a su fin. La palinodia internacional y las palabras en la esfera de la política interior no deben ofuscar la gran noticia de que una organización terrorista -empujada por el asedio policial internacional y nacional, así como alejada de la base social- va a intentar integrarse en el sistema de libertades y en el Estado de Derecho.

Hay múltiples puntos de vista, en este momento, en los medios de comunicación, sobre todo, españoles sobre el fin de ETA. Sin embargo, sería conveniente pensar sobre lo que no podemos volver a permitir. Esta reflexión tiene tres vertientes: la política multilateral, el lenguaje que subyace en los medios internacionales y, por último, la solidaridad internacional que se debe a los pueblos afectados por brotes terroristas y a las víctimas del terrorismo.

Los europeos y el resto de los ciudadanos libres debemos dar un paso más en el ejercicio de la acción internacional en un apoyo multilateral a las naciones afectadas por el terrorismo. Cuando en un país surge un fenómeno de esta especie, y en especial, en un Estado genuinamente democrático, donde están garantizados los derechos y libertades, no se puede ser débil en el respaldo a los que sufren acciones terroristas. Hay que promover la acción internacional concertada para que, desde el principio, sea imposible un comportamiento multilateral diferente al apoyo cerrado y sin fisuras a los Gobiernos afectados.

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