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Menos hijos

[1]Por Rafael Puyol, Profesor de IE School of Arts & Humanities

Era una caída anunciada: los nacimientos en España, como sospechábamos, han vuelto a descender. No mucho ciertamente porque en relación al año pasado son alguno menos de 10.000, pero es que en este asunto todo lo que no sea crecer es malo. Les decía en un artículo anterior que la mortalidad, al descender, nos estaba dando un respiro. Ahora quienes parecen habérselo tomado son las cigüeñas que viven una etapa laboral de reducción de jornada. Este es el hecho que suma una preocupación más a nuestro futuro. Pero ¿por qué la natalidad ha vuelto a caer después de haber mantenido una tendencia al alza desde finales de los 90 al año pasado? Ya he dicho en otras ocasiones que la crisis no tiene toda la culpa. Tiene que parte de ella porque los tiempos de incertidumbre no son buenos ni para el “casorio” ni para la descendencia. Y no lo son para los padres españoles y para los extranjeros puesto que en ambos se observa un descenso de criaturas. Ahora bien, si la debacle económica que sufrimos fuera el único argumento de la caída, podríamos tener la esperanza de que muerto el perro, muerta la rabia y que los alumbramientos podrían esperar mejores horizontes. Pero no conviene olvidar que en el retroceso actúa la reducción creciente del volumen de mujeres en edad fértil. Menos madres potenciales significan menos hijos ya que el número medio de vástagos por mujer apenas se modificó respecto al año pasado. Y eso sí resulta preocupante porque el factor no es coyuntural sino que deriva de una evolución demográfica previa que no es fácil de corregir. ¿Pero tiene algún remedio? Digamos que la situación mejoraría si pudiésemos tener más madres (nacionales y de fuera) que tuviesen más hijos (crecimiento de la fecundidad) para lo cual vendría bien que empezasen a tenerlos a edades más tempranas. No es fácil, pero algo más de apoyo para que estos procesos fueran posibles, vendría bien.