- Humanities blog - https://humanities.blogs.ie.edu -

La educación necesaria

[1]Todo el mundo habla de que la educación es el mejor antídoto para salir de la crisis y cambar nuestro ineficiente modelo productivo. Lo ha dicho el Rey, el Ministro Gabilondo y banqueros como Botín en una alocución reciente a las Universidades. Necesitamos más educación, por supuesto, pero la necesitamos mejor; el reto principal es pues “la buena educación”.

Una formación que, en cualquier nivel, dosifique con inteligencia los mejores contenidos, la adquisición de destrezas, habilidades y uso de herramientas y la educación en valores. La elección de contenidos siempre se consideró prioritaria. Ahora existe una apuesta clara e indiscutible por formar en capacidades y destrezas. Pero esa insistencia ha hecho olvidar, quizás, el papel fundamental que el sistema educativo debe tener en la transmisión de valores, una dejadez que puede estar en la base de algunos de los males de la sociedad actual: la corrupción económica, el descrédito de la clase política o los deplorables espectáculos mediáticos.

Algunos de los valores que el sistema educativo debe transmitir son universales y atemporales: la justicia, la libertar, la igualdad, la solidaridad… Otros están ligados a la aparición de fenómenos recientes como la globalización que nos aboca a vivir en sociedades plurales y competitivas y a desplegar valores como al tolerancia, la solidaridad o la cooperación. Una tercera clase son esos valores de larga tradición que, sin embargo, debemos reactualizar, en momentos de zozobra económica y resquebrajamiento de las instituciones. La necesaria regeneración social que España necesita para por recuperar valores fundamentales como el esfuerzo, el respeto o la convivencia. Son condiciones que no sólo se adquieren en las instituciones educativas; también a través de la familia u otras instancias sociales que deben desterrar de sus relaciones recíprocas la acusación mutua de ineficacia.

Y junto a esos principios básicos otros no menos decisivos como el afán de superación, la creatividad, la honestidad del trabajo intelectual o la responsabilidad. Son, con los anteriores, instrumentos necesarios para el logro del objetivo básico de la buena educación: formar ciudadanos libres y responsables, dotados de capacidad de crítica, pero sensibles a los intereses generales de toda la sociedad.