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Entrevista a Blanca Riestra. Por Hilario J. Rodríguez (28/05/2010)

Asociación de Escritores de Asturias [1]

Entrevista a Blanca Riestra. Por Hilario J. Rodríguez (28/05/2010).

-Sueles escribir sin una línea narrativa clara, poracumulación de líneas que finalmente convergen en un mismo centro.

Sí, es así, y no sé por qué. Escribo a capas, como el que corta telas y las sobrepone. Me gustan las formas, los círculos, los embudos, los bosques, me gusta el volumen. Veo el mundo como una bomba racimo, como una madeja, como voz de voces.  

-Más que historias, narras estados de ánimo.

Me gusta la idea de que creamos el mundo cuando lo miramos. Las historias solas no me interesan. La linealidad me aburre. Me interesan las muñecas rusas, las historias abiertas, los juegos de espejos, la dilación. Mi manera de enfrentarme al texto es completamente plástica, afronto la novela como un objeto, como un gran signo. En ese sentido lo que predomina es una especie de remansamiento, supongo. Me gusta mucho la diferencia-dilación, en el sentido deconstructivista del término. 

-En casi todas tus novelas el espacio tiene una enorme importancia.

Sí, y cada vez más, y no sólo porque muchas de mis novelas sean novelas de ciudad. También porque concibo las novelas como objetos espaciales, como formas que hay que esculpir.

Creo que mi escritura es esencialmente novelística porque necesita de un ritmo lento, envolvente, muy ligado al espacio. Par mí, escribir una novela es enamorarse de los objetos e ir acumulándolos, es padecer una especie de síndrome de Diógenes.

Me gusta la imagen del jugador de ajedrez, del tipo que construye catedrales con palillos, del corredor de maratón. Esa humildad y esa ambición. La importancia de un gesto minúsculo repetido: todo acto ínfimo reiterado se convierte así en algo místico.  

-Tus referentes literarios parecen más cercanos al modernismo (James Joyce, Gertrud Stein, Djuna Barnes) que a cualquier corriente actual.

Quizás te parezca así porque los modernistas han sido trabajadores de la estructura de la novela y grandes novelistas corales. De Barnes, que es uno de mis clásicos, me atrae ese vértigo verbal y estructural. Y la rabia. La rabia es uno de las mejores cosas que le puede pasar a la escritura. Nos despierta.

Joyce me gusta porque era muy físico. Tenía una relación muy física con el lenguaje. A Stein casi no la he leído. Dos Passos me interesa mucho. De los más recientes, Bolaño me encanta. Me gustan sus macronovelas que para mí están edificadas como bosques. Me gustan las novelas que te engullen.

-Me pregunto si disocias mucho tu experiencia vital de tu experiencia literaria.

¿Alguien lo hace? Escribir es una opción vital que lo impregna todo. Te transforma. Te hace más frágil y también mucho más resistente. Después cada uno decide cómo disfrazarse o cómo desnudarse. Yo he huido siempre de la prosa autobiográfica explícita, desde Anatol. Siempre me ha parecido, citando a Blanchot, que escribir ha de ser hablar de otro. He jugado siempre a doblarme, triplicarme, a escindirme, a negarme. Aunque, a veces el juego más perverso es la autoficción. Nunca he querido escribir narrativa de mujer al uso, por la sencilla razón de que nunca me he sentido mujer, no he sido educada como mujer. 

-Aunque casi todos tus libros son más sombríos que luminosos, La noche sucks podría definirse como una novela nocturna.

Como los románticos, como los surrealistas, veo en la noche el lugar de lo irracional, de la pérdida de control, el lugar dionisiaco por excelencia, también un poco la antesala del sueño, del desdoblamiento, de la desaparición, de la muerte. Y por supuesto es el lugar fronterizo donde se crea. Siempre creamos en una especie de duermevela. La escritura que me interesa es siempre nocturna.

Y hay en esta novela un homenaje, qué duda cabe, a una de mis novelas de cabecera desde hace ya muchos años, Nightwood : El bosque de la noche. 

-Los personajes en ella van y vienen, sin cobrar forma.

Son máscaras intercambiables que desempeñan roles repartidos al azar. No se dan muchos datos sobre sus vidas, igual que no sabemos mucho sobre la gente que nos cruzamos día a día por la calle.

Si tienen algo en común es que todos ellos están solos, que viven la realidad como una celda, y que tratan de encontrar, infructuosamente, una puerta de salida.  

-Todo sucede en Alburquerque (Nuevo México), un lugar fronterizo donde todo el mundo está de paso, donde a veces se interrumpen las vidas de las personas, donde nada es enteramente real ni enteramente ficticio porque nada permanece.

Me fui a Burque no sé muy bien a qué. Quizás buscaba el agujero negro alrededor del cual gira 2666. A Cesárea Tinajero o a Von Arcimboldi. El mal. El oscurecimiento del mundo.

Burque es, en verdad, así: un lugar fuera de lo real. Un no lugar. Se la conoce como Land of enchantement —no solo por sus indudable encantos, que los tiene—, sino porque tiene un efecto anestésico, paralizante sobre la gente. Muchos de los que van a parar allí de manera provisional, se quedan para siempre. Yo conseguí escapar a tiempo. 

-La tuya es una obra en movimiento, como si cobrase forma desde un automóvil circulando por una larga autopista, en mitad de la noche.

Las imágenes de coches en marcha, de camiones en marcha, son una constante en La noche sucks. Los momentos más felices de mi vida los he pasado conduciendo con la ventana abierta y la radio a todo meter, por alguna interestatal del sur de Estados Unidos. Sola. Me gustaría transmitir esa sensación letárgica de libertad, de velocidad, de peligro incontrolable. Vas leyendo los neones. Te alejas, sin saber lo que te espera. Ojalá se pudiera narrar así. 

-También es una obra musical, aunque no sueles permitir que tu voz poética se sobreponga a tu voz narrativa.

Creo, como Paz, que el mundo está hecho de ritmo: las palabras son ritmo, pero también son ritmo las estaciones, las edades, las mareas, la alternancia entre vigilia y sueño. Para mí los libros son artefactos pero también partituras, a veces melodiosas, casi siempre disonantes. Las construyo así.

Además trato de hacer una ardua tarea de autocontención, que creo que se nota. Mis libros son la historia de cómo mantener a raya al lirismo. Siempre he sabido que el lirismo sólo es soportable combinado con una buena dosis de desenvoltura y de crudeza. Sigo siendo lírica pero quizás un poco más cruel.