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Todo se retrasa

Rafael Puyol [1]

Pronuncié hace días una conferencia sobre el enojoso asunto de las pensiones y la edad de jubilación desde una perspectiva que manejaba ante todo los argumentos demográficos del problema. E insistí en que a diferencia de lo que ocurrió en la etapa del baby-boom (años 60 y 70) ahora todo se está produciendo con parquedad y demora. Los jóvenes acaban sus estudios con más edad, retrasan su salida del hogar familiar, demoran el matrimonio o la vida en pareja, tienen su primer hijo rondando la treintena, engendran pocos descendientes, se incorporan más tarde al mercado laboral y además muchos de ellos están menos años trabajando debido a las jubilaciones anticipadas o las prejubilaciones.

Decimos que el envejecimiento demográfico es ante todo una conquista social, no exenta de algunas consecuencias que debemos afrontar. Algunos juzgan que el acortamiento de la vida laboral es también un progreso, pero desconsideran las repercusiones directas que esta tendencia tiene sobre el retiro de los mayores y el pago de las pensiones.

Ahora, si no fuera por la crisis, viviríamos en el mejor de los mundos. Los que se están jubilando corresponden a los nacidos durante la Guerra Civil y la postguerra que no produjeron generaciones demasiado generosas. El problema se planteará cuando les toque retirarse a las generaciones numerosas del baby-boom, a partir del 2020. Habrá muchas pensionistas que estarán más años cobrando una pensión debido al aumento de la esperanza de vida. Y habría menos cotizantes que estarán menos años activos debido al acortamiento de la vida laboral.

Esto con el sistema actual de reparto no tiene arreglo. Entrar más tarde al mercado laboral si supone hacerlo con una mejor preparación, es un buen negocio. Pero salir tan pronto es una locura. No tendremos más remedio que adaptar nuestras edades del retiro a los nuevos horizontes de la esperanza de vida que está por llegar.