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Cristina Iglesias “Celosía VI”

Macarena Ventosa [1] 

Presentamos el sugerente trabajo de Tatiana García Maderuelo, alumna del grado de Arquitectura de IE Universidad, sobre la obra de la escultora Cristina Iglesias "Celosía VI".

Con ocasión de la exposición "Escultura española actual 2000-2010"y el ciclo de conferencias del Museo Esteban Vicente, se pidió a los estudiantes que realizaran un trabajo personal sobre cualquier obra que ellos eligieran.

Nos ha gustado especialmente el trabajo de Tatiana por su modo de describir su relación con la pieza de un modo físico y contándonos su experiencia y sensaciones. Además acompaña su trabajo con fotografías de la obra e incluso un pequeño plano donde entendemos mejor la estructura de la obra como espacio laberíntico que nos invita a recorrer.

 


CELOSIA VI – CRISTINA IGLESIAS

 

La escultura está situada en la sala del último piso. El acceso a ésta se encuentra centrado, creando unas condiciones de simetría respecto a éste. Las dos únicas esculturas que se encuentran en la sala, se sitúan a ambos lados del eje de simetría. Desde el acceso, girando la vista hacia la derecha, se ve la celosía de cristina iglesias (rodeada por tres de los cuatro muros que forman la sala). No alcanzo a ver la escultura entera. Se ven partes de ésta que me hacen pensar que ocurre algo al otro lado.

Al entrar en la sala lo primero que se me viene a la mente son las celosías árabes, el ver sin ser visto, el misterio, el ocultamiento… pero la curiosidad de cómo será la escultura desde otro punto de vista me hace girar hacia la derecha, revelándose partes y ocultándose otras que antes veía.

Al recorrer la escultura para descubrir como es, me doy cuenta que existen espacios interiores permeables visualmente a través de la celosía. La curiosidad de entrar dentro de ésta me hace ver un intersticio a modo de pasillo o corredor que me conduce a un espacio interior en el que estar. Y poder ver así desde el interior lo que ocurre en el exterior.

Al acercarme a la escultura, es cuando me doy cuenta que la celosía no es metálica, sino que es madera pintada con pintura metalizada, y descubro la sujeción tan frágil de las paredes de la celosía, cambiando así mi sensación de estabilidad de la escultura, sintiendo el peso de la inestabilidad al caminar por el pasillo.


Con sutileza la luz se filtra por las rendijas de las rejillas proyectando sobre suelos y paredes multitud de sombras, potenciándose así los efectos escenográficos, fascinando al espectador.

Bajo mi punto de vista, esta escultura se aleja del pedestal y de la escultura conmemorativa, entran así en juego factores que hasta ahora desconocía de la escultura como la idea de transito, la posibilidad de recorrer la pieza… podemos acercarnos, entrar en ella, recorrerla, observar el exterior, imaginar…aunque también podemos abandonarnos a nuestra propia experiencia. Seguro que a cada uno de nosotros nos sugiere algo distinto o nos lleva a pensar en algo que seguramente no tendrá nada que ver con la propia escultura. Se aleja del objeto escultórico autónomo para insistir en la vivencia del espacio, una vivencia que tiende a ser ambigua y desconcertante ya que las paredes de la celosía no transmiten una sensación de seguridad, sino todo lo contrario, dentro de la escultura uno siente el peso de la duda y de la inestabilidad; no solo porque sus piezas no ensamblan unas con otras y necesitan unos pequeños ganchos para unirlas, sino porque el material del que esta hecha no es tan estable como parece en la distancia .

Se utiliza los materiales como soporte de una ilusión, ya que éstos mienten, no son lo que parecen.

Como espectadora me siento parte de la escultura. Creo que la intención que se busca en esta pieza es atraer al espectador, conseguir que se aproxime a ésta y deje atrás el campo de visión general del exterior (que proporciona la distancia de la mirada) y la sustituya por otra cercana e intima (interior) y con esto conseguir la implicación de este. Las celosías son piezas que construyen un espacio evidente, acotado entre muros que delimitan corredores laberínticos y estancias reducidas donde permanecer o habitar, en la que lo cerrado y lo angosto del espacio creado nos llevan directamente a la sensación de lo oculto y lo prohibido, un espacio simbólico y de sensaciones en el que es necesario introducir al espectador para que la escultura tenga sentido. La escultura no solo ocupa físicamente un espacio (sala de exposiciones), ella en si misma es un espacio. Es como si fuera un ilusionismo espacial, un juego de espacios dentro de otros espacios acentuando la diferencia entre el exterior y el interior.

Pero hay otros elementos, aparte del espectador, que creo forman parte de la escultura: los muros de la sala, el suelo y la luz. El paso de la luz a través del laberinto geométrico de la celosía proyecta sobre suelos y paredes sombras que logran confundir los espacios interiores y exteriores transportándonos a un mundo imaginario y físico a su vez. La situación de la pieza dentro de la sala no creo que sea algo aleatorio, se dispone próxima a los tres de los muros que componen la sala. Aquí es donde entran en juego estos, ya que no solo los utiliza para proyectar sobre ellos las sombras de la pieza y crear así ese espacio imaginario, sino que, en un primer vistazo a la escultura ayudan a ocultar el acceso al espacio interior de la celosía, lo que hace aun mas patente su invitación a penetrar en su espacio interior.

Creo que este tipo de escultura busca intencionadamente una relación estrecha con la arquitectura, no solo por crear un espacio o "lugar" para ser habitado definiendo un espacio interior y otro exterior, sino porque tienen mucho que ver con las edificaciones de la época barroca en la que se diseñaban los edificios para impactar, potenciando los efectos escenográficos, para crear ilusiones que fascinan al espectador mediante juegos de luces y sombras, de texturas y de recorridos dirigidos. De esta manera la escultura dialoga con el espacio y el modo en como ésta es captada por el espectador. Un ejemplo claro son las iglesias de borromini en las que hay una gran intención de crear una ilusión de un gran espacio en uno de dimensiones reducidas con sus múltiples puntos de vista.

También creo que tiene bastante que ver con el símbolo de laberinto, ya que éste es un artificio que tiene la facultad de multiplicar el espacio al generar diferentes recorridos posibles sobre una superficie reducida, espacios que se suceden, unos dentro de otros, donde acaba desdibujándose la distinción entre exterior e interior, publico y privado… pero la sensación de laberinto creo que no solo se genera con la percepción física de los muros de la celosía, sino que se acentúa con el paso de la luz a través de ésta al generar unos espacios no menos laberínticos a través de sus sombras.

Todo esto me hace sentir en un espacio intermedio entre realidad y ficción en el que se busca estimular mi imaginación. Un lugar para ser habitado que busca intencionadamente una relación estrecha con la arquitectura. Donde el espectador desempeña un papel fundamental dentro de la escultura, ya que precisa del caminar y de la mirada de éste desde diferentes puntos de vista porque la imagen nunca es completa. Un lugar ambiguo que es físico e imaginativo a la vez y donde nada es lo que aparenta ser (materiales, estabilidad…). En el que un muro no es solo un muro, sino que es algo mas, un objeto tomado de la realidad para intentar llevarnos a otro lugar en el que la luz y la sombra juegan un papel fundamental. Un espacio generado por la celosía dentro de otro espacio (sala de exposiciones) que acaba por integrarse y formar parte de la obra al igual que el espectador .