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Jóvenes con futuro

Rafael Puyol [1]

Estamos preocupados por nuestros jóvenes y no es para menos. La crisis afecta decisivamente sus niveles de ocupación y desempleo y les hace vivir un presente azaroso e incierto debido a que muchos no encuentran trabajo y bastantes realizan actividades no deseadas, precarias, mal pagadas o en clara discordancia con su formación previa.

La última Encuesta de Población Activa (III Trimestre de 2009) daba 1,2 millones de jóvenes ocupados entre 20 y 24 años y 626.000 parados. La tasa de actividad de los menores de 25 años es del 51%, lo que indica un elevado número de inactivos. En contraposición, las tasas de empleo son bajas y las de paro muy altas puesto que rondan el 40% tanto en varones como en mujeres.

Y resulta especialmente lacerantes esta situación si tenemos en cuenta que hoy los jóvenes son menos que hace 20 años. En 1991 había 5,2 millones de personas de 18 a 25 años, debido a la llegada a esa franja etaria de las generaciones del "baby boom". En 2009 eran sólo 4,4 millones por la caída posterior de la natalidad. Y aún serían menos sin la inmigración de casi 800.000 personas de esas edades en los últimos años.

Resulta paradójica esa intensa relación inversa de que a menos jóvenes haya más desocupados entre ellos.

Y la situación de escasez relativa va a ir a más. Dentro de 10 años habrá 650.000 jóvenes (18-25) menos. Su problema no será entonces encontrar trabajo. Lo tendrán con mucha mayor facilidad. La incidencia laboral más importante será entonces el profundo desequilibrio entre los que se incorporen al mercado laboral (pocos) y los que saldrán de él (muchos debido a la llegada a la edad del retiro de las generaciones del baby boom). La demografía, pues, va a marcar inexorablemente el futuro del sistema de pensiones.