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El cielo de Madrid, más cerca (Elpais.com)

Las visitas del público al complejo científico del Retiro serán potenciadas

RAFAEL FRAGUAS - Madrid - 12/01/2010

Madrid se encuentra, desde ayer, un poco más cerca de las estrellas. Tal cercanía se debe a la rehabilitación del Real Observatorio Astronómico (www.oan.es), en el confín meridional del parque del Retiro, que fue inaugurado oficialmente ayer por Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, y por José Blanco, ministro de Fomento.

El reacomodo de tres edificios de la bicentenaria sede del meridiano cero de España y catedral de la Ciencia, ideados en clave neoclásica por Juan de Villanueva en 1790, ha durado 10 años. Incorpora la reconstrucción del telescopio que el músico astrónomo germano-británico y descubridor del planeta Urano Wilhelm Herschel (1738-1822) construyó por encargo del monarca español Carlos IV para el mirador astral madrileño, en los albores del siglo XIX. El agente de aquel encargo fue el marino y científico José Mendoza.


El deslumbrante ingenio, el más avanzado de su época, llegó en barco desde Londres a Santander y fue trasladado pieza a pieza a lomos de caballerías, que cruzaron la cordillera cantábrica, enfilaron la meseta y llegaron a Madrid, donde el telescopio quedó instalado en el cerrillo de San Blas, al sur del Retiro, en 1805. Sin embargo, poco tiempo pudo Madrid lucir aquel prodigio: tras la ocupación del parque por las tropas de Napoleón Bonaparte en 1811, no sólo el telescopio, sino también el Observatorio entero, quedaron semidestruidos.

Las lentes del gran cañón óptico se salvaron, al igual que los planos, apartados de la rapiña por manos amigas y recobrados en torno a 1845, cuando el científico Antonio de Aguilar logró remozar el Observatorio y ponerlo otra vez en marcha. En una restauración acometida en 1853 intervino el arquitecto Narciso Pascual i Colomer. A partir de 1904 quedó integrado en el Instituto Geográfico Nacional.

El potente telescopio, de 25 pies de longitud y 63 centímetros de diámetro, se ve hoy como lo estuvo entonces, inclinado sobre un formidable bastidor de madera bruñida, fabricado para la ocasión en unos astilleros del puerto vizcaíno de Bermeo. Un sistema de poleas izaba a los observadores hasta la boca del telescopio, por donde se asomaban. La luz astral se adentraba por el mismo cañón y se reflejaba en un espejo situado en su extremo, en diálogo con otro espejo curvado ubicado en la boca. Herschel logró con este telescopio, y gracias a una idea heredada de Isaac Newton, eludir una aberración cromática que hasta entonces mostraban los telescopios fabricados con lentes refractoras y no con espejos reflectores como es el caso, explica el científico Rafael Bachiller.

El conjunto de telescopio y bastidor, de hasta 10 metros de altura por 4 de diámetro, ocupa un pabellón especialmente proyectado por el arquitecto Antonio Fernández Alba. El alarife es autor asimismo de la rehabilitación de la Sala de Ciencias de la Tierra y del Universo que aloja el museo de instrumentos astronómicos, geodésicos, cartográficos y geofísicos que ayer inauguró el Príncipe durante su visita. El periplo sirvió asimismo para reunir, bajo su presidencia y por vez primera, a los tres componentes del Instituto Geográfico Nacional, el Consejo Superior Geográfico, la Comisión Nacional de Astronomía y la Comisión Española de Geodesia y Geofísica.

Don Felipe, cuyo interés por la astronomía es manifiesto, resaltó en su discurso el patrocinio regio del Observatorio y calificó la apertura de las nuevas instalaciones como colofón idóneo para el Año de la Astronomía que acaba de culminar. Por su parte, el ministro José Blanco remarcó la estrecha relación entre las ciencias celestes y las terrestres con el desarrollo económico y el progreso.

A partir de los próximos meses, las visitas del público al Real Observatorio Astronómico de Madrid serán agilizadas, según responsables del centro, que laboran ya un plan de acceso con cuotas de 25 personas. En los itinerarios se ofrece al visitante un repertorio del extraordinario instrumental científico allí depositado, como brújulas, mareógrafos, sismógrafos, barómetros y otros aparatos de precisión, algunos de los cuales datan del último tercio del siglo XVIII y que confirieron a la ciencia española una posición destacada en la producción de conocimientos sobre astronomía, geografía, geodesia y cartografía, hoy incentivados desde la vanguardia radioastronómica que España ocupa.

Llama poderosamente la atención la primera calculadora mecánica producida en serie, obra de Thomas de Colmar, hecha en 1860, así como algunos paleo-ordenadores construidos en madera, latón y hierro, que conservan una pátina de inocente ingeniería. Se muestra igualmente un azimútmetro de gran precisión, ideado por el ingeniero español E. Sánchez, y una brújula taquimétrica para la agrimensura, de patente española. Telescopios, astrolabios y esferas armillares completan la muestra, a la que se agregan admirables mapas e infalibles instrumentos de triangulación.