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Un paro intenso y diverso

Rafael Puyol [1]

Cuatro millones de parados significan por su extensión y generalización casi una pandemia del desempleo. La cifra por redonda, porque supera pronósticos previos y porque es rotunda, golpea nuestra conciencia y obscurece de temores el futuro inmediato. Pero, a veces, nos quedamos en la periferia de las cosas y no descendemos a la diversidad que enmascaran las cifras de conjunto. El paro es generalizado, pero afecta de manera distinta a los personas, a las ocupaciones y a los territorios.

Por sexos ha golpeado más a los hombres que a las mujeres acercando las tasas masculinas y femeninas que hoy están separadas por un punto (17% varones y 18% mujeres).

Por nacionalidades afecta mucho más a los extranjeros (28%) que a los nativos (15%) no sólo porque "los de fuera" tienen niveles de actividad más altos, sino porque los empleos habituales de los inmigrantes están especialmente afectados por la desocupación.

Por edades, la carencia de trabajo crece en todos los grupos, pero la peor situación corresponde a los hombres y mujeres de 25 a 54 años que concentran los mayores volúmenes de activos.

Por sectores productivos, la crisis del ladrillo se ha llevado por delante 450.000 empleos en un año, arrastrando en su caída libre a otros 600.000 trabajadores de los servicios.

Y por territorios, el sur, particularmente Andalucía y Extremadura, está más afectado que el norte.

De la amenaza del paro no se libra nadie. Pero un retrato robot de un candidato al paro tendría estos rasgos: varón, adulto-joven, extranjero, trabajador de la construcción o los servicios y con residencia en el sur de España.

La antítesis sería una mujer, nativa, trabajadora de la industria y del norte del país.

Entiendan esta síntesis como una aproximación a una realidad mucho más compleja. Pero, por si acaso, y si puede, que cada cual intente situarse en el grupo que le convenga.