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La Temporalidad

Rafael Puyol [1]

Siempre fue una de las notas distintivas de nuestro mercado laboral. Temporalidad significa el desempeño de un puesto de trabajo de manera provisional y por lo tanto, insegura e incierta.

Hubo un periodo, no hace mucho tiempo, en el que esa condición distintiva se estaba corrigiendo. El descenso de la temporalidad en los años recientes en los que hubo una fuerte creación de empleo, fue el resultado de la transformación de muchos trabajos temporales en contratos indefinidos. Pero ahora, en plena crisis, las cosas son muy distintas. La temporalidad, como ha recordado un estudio de CEPREDE-AGGET, sigue disminuyendo, incluso con mayor intensidad que la caída de los contratos fijos, pero la causa es la simple destrucción de empleo que se ceba especialmente en los más débiles o en los más fácilmente prescindibles. Hay menos asalariados con contrato temporal no porque haya más trabajadores estables, sino porque hay más parados.

La temporalidad tiene además una estructura bien definida por sexos, edades y sectores.

Simplificando mucho las cosas podríamos decir que el trabajo temporal es mayor entre las mujeres, afecta especialmente a los jóvenes menores de 30 años y tiene una mayor incidencia relativa entre los inmigrantes. Eso quiere decir que una buena parte de las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes son grupos de riesgo para perder su empleo, ante las mayores tasas de temporalidad que exhiben. Hasta aquí nada especialmente extraño. Lo que sí llama la atención es que la temporalidad disminuya en el sector privado y, sin embargo, aumente en el sector público. La explicación hay que buscarla, una vez más en la crisis que sufrimos. El sector privado reduce empleos, sobre todo temporales, mientras que el sector público actúa de refugio laboral transitorio para mitigar los efectos de la recesión.

Esperemos que vengan tiempos mejores y que la empresa privada vuelva a crear empleo y el sector público ocupe sólo a los trabajadores que necesite. Y esperemos que la temporalidad mantenga su tendencia a la baja, pero de nuevo por transformación de los contratos temporales en fijos en aquellos sectores y ocupaciones donde ese proceso resulte razonable.