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Autobuses Ontológicos

Julián Montaño [1]

In acu tetigisti. Pues sí que ha apuntado a un tema espinoso Miguel Herrero, pero tú, interesantísimo. ¿Qué demontres, qué diantres, hace una afirmación ontológica en la trasera de un autobús? Lo de demontres y diantres no sé si es adecuado decirlo cuando el tema es Dios.

“Se da el caso de que no P, siendo P = Dios existe”, “Hay un S, tal que S es Dios y tal que S no existe”

Y esto lo ves en tu Peugeot 206 con el autobús delante de ti, una vez que te ha impedido acceder al carril de tu izquierda y te has tenido que quedar detrás de él en el semáforo.

Afirmaciones de este tipo en un cartel publicitario siempre son más agradecidas que “Light Poor Musical ¡el músical de la década! ya en Madrid” (una proposición afirmativa no tanto sobre la sustancia, y de su puesta en acto, como del accidente lugar) o afirmaciones del tipo “¡El Torpe Burgués, ya en rebajas, hasta un 70%!” (una proposición sobre los accidentes de cantidad y tiempo, y sobre un ente complejo, unos grandes almacenes muy complicados cuyas afirmaciones son difícilmente falsables bajo criterios popperianos: siempre tiene razón, nunca el cliente). Siempre puedes esperar el cambio de disco, sin presionar el embrague, de un modo más placentero y enriquecedor, meditando no acerca de entes finitos y sus accidentes, qué superficial, sino del Ens entium, la Causa Primera, el Ipsum Esse Subsistens.

Yo iría a más. Yo pondría mensajes ontológicos y metafísicos más variados, no sólo de teología natural o teodicea. Por ejemplo: “¿Sabía Vd. que la sustancia de Spinoza tiene infinitos atributos?”, imagínense qué impacto en los escaparates de los gimnasios masculinos. Si no les cae bien Spinoza podemos recurrir a su contemporáneo Leibniz: “Lo que llamamos ‘casualidad’ no es más que la ignorancia de las causas físicas”, estaría bien en un quiosco de la ONCE, o este: “¿Por qué hay algo y no más bien la nada?” que quedaría muy bien al final del extracto del banco, la verdad. Hablando de bancos ¿Se imaginan que los directores de marketing del imbatible Banco Saltaelser Hispano pusieran en sus letreros como lema “su esencia implica necesariamente su existencia”? Todo un homenaje a Spinoza, que de deudas de por vida sabía un montón (su familia tuvo líos financieros).

Y ahí vamos: a Spinoza, entre otros. La gente habla de Dios, para decir que existe o que no, y para ponerlo en los autobuses o no (“hay gente p ató”, que dijo Joselito El Gallo cuando le aclararon que Ortega y Gasset era profesor de metafísica). Dios es una idea, un concepto. Pues bien, hay gente que dice que precisamente eso, eso mismo, que haya una idea de Dios, es lo que demuestra que Dios existe. Según estos señores, los de los autobuses nihilistas le harían el juego a los de los autobuses apologéticos. Los señores que defienden la existencia de Dios a partir de su concepto, o de su esencia defienden lo que se llama el Argumento Ontológico de la existencia de Dios.

Gente que ha defendido algo así son: San Anselmo de Canterbury (o Cantorberry), un italiano que era un genio del razonamiento fino, y que dijo que del contenido de la idea de Dios (aliquid quo nihil maius cogitari possit) se puede deducir la existencia de Dios; René Descartes, un remilgado soldado francés, junto con un óptico holandés de procedencia sefardí, el Spinoza de este post, reactualizó este tipo de argumento o prueba de la existencia de Dios en el XVII. Descartes lo hizo a partir del hecho de que tenemos una idea de Dios, de ahí dedujo la existencia del Ser supremo. Spinoza hiló más fino y del concepto de esencia y sustancia dedujo la existencia de Dios.

Venerables filósofos como Malebranche, Bradley, Hegel, Juan Duns Scoto o San Buenaventura han defendido este argumento de una manera u otra.

El argumento ontológico tiene en contra que dos de las más poderosas mentes filosóficas se opusieron sistemáticamente a él: Sto. Tomás de Aquino e Inmanuel Kant. Pero va ganado puntos en los ss. XX y XXI: la profesora G.E.M. Anscombe, discípula de Wittgenstein, diferenció en un artículo el argumento de Anselmo de todos los demás, dejando en cierto modo una puerta abierta a que fuera aceptable. Alvin Plantinga y Kurt Gödel, dos de las mejores mentes lógicas que uno puede encontrar en el s. XX han defendido esta clase de argumento. En el de Plantinga se usan herramientas de la sesuda rama de la lógica llamada lógica modal. Lógicos de la talla de un David K. Lewis, Hintikka y otros las han pasado canutas intentando rebatir esta clase de argumentos de la existencia de Dios.

Vamos que los de los autobuses nihilistas no las tienen todas consigo si siguen pregonando por ahí al menos la idea de Dios (para negar su existencia), y los de los autobuses apologéticos deberían convertirse en autobuses ontológicos:

“Sabemos que Dios es aquello de lo cual no podemos pensar algo mayor, si Dios no existiera podríamos pensar algo mayor, o sea, podríamos pensar a Dios existiendo, esto sería contradictorio, ergo Dios existe. Esta trasera de autobús es menos contradictoria que la de la línea 25”.

Post Scriptum: Ah y ya que cito a Miguel Herrero: ceterum censeo Kirk et Raven errant.