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¿Era Tales un tipo listo? Sí.

Julián Montaño [1]

Miguel Herrero es un tipo que tiene fuentes fiables. Si alguien me preguntara “oye ¿conoces a alguien con fuentes fiables?” “¿para qué?” “no sé, así en general, con fuentes fiables” “sí, tu hombre es Miguel Herrero” terminaría diciendo. Pero errar es humano. La historia del monopolio de las aceitunas no es un chisme apócrifo. No lo es porque lo cuenta Aristóteles y Aristóteles no cuenta chismes apócrifos. Si hay algo que distingue a Aristóteles y al resto de la gente es que Aristóteles no cuenta chismes apócrifos. Si Plinio le endorsa la historia a Demócrito, que era un tipo menos listo que Tales, es porque Plinio pertenece al género “gente” y no al género “Aristóteles”, o sea Plinio sí cuenta chismes apócrifos. La cantidad de chismes apócrifos que cuenta Plinio llenarían las páginas de varios números de ¡Hola!, Point de vue y el Paris Match. Si alguien me preguntara “¿qué tipo de persona es Plinio?” yo respondería “es un señor que cuenta chismes apócrifos”. Por ejemplo Plinio no sitúa Tartessos en Sanlúcar de Barrameda, fíjense qué tipo de escritor fiable era Cayo Plinio Cecilio Segundo, Plinio el Viejo.

Tales es el primer filósofo precisamente porque no se cree lo que cuenta Homero. Miguel Herrero en esto sí sigue a Aristóteles. Miguel Herrero en esto sí está en el camino correcto (órtho hodós) y tiene una opinión correcta (órtho dóxa). Miguel herrero en esto se aleja de alguien como Plinio y vuelve a ser el Miguel herrero de toda la vida.

El pensamiento comienza cuando te das cuenta que Homero es un embaucador, que lo que presenta como virtud es mera arrogancia, lo que presenta como magnanimidad es vicio, que las actitudes que describe en los dioses en realidad son miserias humanas y que el origen remoto de las cosas se explica mejor sin el tipo de historias oscuras que los griegos llamaron mitos.

Tratar de explicar el mundo sin recurrir a este tipo de historias o sea pasar del mito al logos requirió y requiere un esfuerzo ímprobo. Y además supone una innovación sin precedentes (cada vez que se hace, cada vez que se razona ES una innovación sin precedentes) porque supone pensar que en el mundo y en nosotros hay algo que no es caduco, hay algo que está liberado de la tiranía del tiempo (la tiranía del “fue” de la que habló después Nietzsche), hay algo que no se dispersa en instantes fugaces sino que permanece constante, no disperso sino reunido consigo mismo (“léguein”, de ahí logos), coincidiendo consigo mismo porque está siempre detrás de todas las cosas en todo momento y lugar.

De ahí la genialidad de decir que el agua es el origen de todas las cosas en lugar de Océanos. No se trata de un hecho, una ocurrencia o algo en el tiempo. La génesis de las cosas, su origen tanto remoto como actual es algo que las hace ser lo que son ahora. Por tanto no es un hecho contingente (lo que se le ocurriera hacer a Oceános, a Oceános con Tétis o quienquiera que se le ocurriera a Homero o Hesíodo) que lo sabremos sólo si alguien tiene a bien informarnos de él, sino algo que uno puede ver por sí mismo si piensa correctamente como son las cosas.

Pero además, y ahí sigue la genialidad de Tales, el origen de las cosas no puede ser asimismo una cosa (el orden de una habitación no puede ser asimismo un mueble, aquello que genera este texto no puede ser asimismo un texto). Como las cosas son –en la visión de Tales- elementos determinados, estáticos y con una forma concreta, Tales deduce que el origen/fundamento de las cosas es algo indeterminado, fluido e informe. El agua fue un buen candidato, mucho más teniendo en cuenta el vínculo del agua con la vida (necesario, por ejemplo, para una buena cosecha de aceitunas).

Sí, Tales era un tipo listo. Miguel Herrero lo pone en cambio como modelo de investigación pura. Y es verdad, si Plinio tiene razón (y normalmente no es algo que suela tener) Tales se dedicó a cosas tan peregrinas e inútiles como averiguar la altura de las pirámides por la sombra que proyectan. Miguel herrero dice también: este es el único motor del progreso humano. No, creo que no es así y en esto Homero tiene razón. La gente que hace progresar las cosas son los grandes hombres. Los grandes hombres son los que tienen un alma grande (magnánimos, megalopsichós) o sea aquellos que proyectan cosas grandes y las hacen. Y pueden serlo gente que se quede quieta maravillada por el mundo (thaumatsein) y con una actitud respetuosa hacia él (epimeléia), contemplándolo (theoría) –y eso es lo que hizo Tales- o gente que se dedique a cambiarlo como el discípulo de Aristóteles, Alejandro Magno, o los héroes de Plinio el Viejo, aquellos  viejos republicanos, y sus lectores Vespasiano o, más tarde, Carlomagno.  La gente que hace negocio con las buenas cosechas de aceitunas también.