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Rafael Puyol [1] 

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El pasado viernes el Gobierno aprobó el plan voluntario de retorno voluntario de inmigrantes desempleados. Los destinatarios son los inmigrantes de la casi veintena de países con los que existen convenios en materia de Seguridad Social, incluidos dos de nuestros principales abastecedores de mano de obra, Ecuador y Marruecos; y las condiciones son pagar toda la prestación de desempleo en dos plazos: el primero del 40% antes de salir y el 60% restante en el país de destino.

Ya se había anunciado una solución de este tipo que por otro lado no es ninguna novedad. Pero debería aprender de las experiencias pasadas y ser conscientes de su limitada utilidad. Ningún plan de retorno voluntario de inmigrantes ha dado los resultados esperados. Y ello por tres razones principales, perfectamente aplicables al caso de España. La primera tiene que ver con el proyecto migratorio de la mayoría incluye no sólo el desarrollo de una actividad laboral, sino también la búsqueda de un futuro mejor para los hijos que son acomodados en el sistema educativo del estado receptor.

La segunda se relaciona con las causas mismas del éxodo y su forma de llevarlo a cabo. Muchos inmigrantes entrevistados este fin de semana comentaban: “yo no me puedo volver. No voy a encontrar trabajo y además no tengo nada (más que el subsidio) porque lo vendí todo para poder venir”. A veces nos olvidamos que aunque la crisis esté siendo implacable para nosotros hay países en los que las condiciones de vida de sus ciudadanos son infinitamente peores.

El tercer argumento está vinculado a las dificultades para poder reemigrar. La imposibilidad para volver en 3 años pasa a resultar demasiado larga para muchos que nos han elegido como destino final de su vida y de sus sueños.

La medida emprendida es la más sencilla de cuantas se pueden adoptar. Ya vieron la que cayó cuando se planteó limitar la contratación en origen y a nadie se le ocultan las dificultades para controlar la entrada de ilegales e incentivar la devolución en los sin papeles. Ni siquiera estoy en desacuerdo con este retorno incentivado. Lo que digo es que de él sólo vamos a obtener tímidos resultados y que, en consecuencia, habrá que hacer otras cosas para “regular” nuestra inmigración.