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Medicos

Rafael Puyol [1]

¡Más de 8,5 en las Universidades madrileñas! Estudiar Medicina resulta cada vez más difícil. La demanda multiplica con creces la oferta de plazas. Y, sin embargo, todo parece indicar que el país atraviesa por un déficit de médicos o cuando menos por un fuerte desequilibrio en su distribución que deja a ciertas comunidades por debajo de los mínimos deseables.

Si acierta un diagnóstico reciente de Addeco España, con más de 200.000 médicos colegiados, necesitaría otros 9.000 entre generalistas y especialistas para cubrir sus necesidades. El aumento de la población, la inmigración, el adelanto de la edad de jubilación o la incorporación de las mujeres a la profesión que ha reducido las dobles jornadas, explicando esa escasez relativa de galenos que precisa nuestro estado de bienestar. A estas razones hay que añadir ese "brain drain" sanitario que ha llevado a más de 5.500 profesionales a ejercer en el extranjero, en Portugal, Inglaterra o Francia sobre todo, pero también en Alemania, Suiza o los EEUU.

Ante este estado de cosas, ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo paliar las carencias de doctores en un país cuyos habitantes crecen, envejecen y se mueren cada vez más?

Hay tres soluciones posibles cuyas dosis terapéuticas deben administrarse con tino. Podemos crear más facultades de Medicina o más plazas en las existentes que produzcan más especialistas. Este año ya han crecido (800 más), pero aún resultan insuficientes. Se puede favorecer el retorno de los emigrantes, con los incentivos económicos y laborales adecuados. El regreso espontáneo ya ha comenzado y parece que el Ministerio va a poner en marcha un plan para favorecerlo.

Y podemos incorporar más médicos extranjeros al sistema mediante un reconocimiento más ágil de sus títulos universitarios, siempre que se cumplan los requisitos básicos para su incorporación al sistema.

No vendría mal contemplar, como complementos, un retraso en la edad de jubilación y un régimen de incompatibilidades en la sanidad pública más generoso.

Si necesitamos más médicos, y parece que es así, nadie debería poner dificultades para tenerlos. Eso sí, produzcámoslos mediante el estudio o importémoslos mediante la homologación, con los criterios de calidad que demanda nuestro modelo sanitario.