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Crecemos

Rafael Puyol [1]

Nos costó rebasar la mítica barrera de los 40 millones pero después aceleramos el paso hacia el horizonte, no muy lejano, de los 50. A 1 de enero del 2008, los datos del padrón que acaban de salir sitúan nuestra población en casi 46,1 millones, es decir, 900.000 personas más que el año pasado. No somos todavía una potencia demográfica, pero crecemos más que nadie en Europa. Y como en años anteriores esa añadidura es protagonizada sobre todo por los extranjeros (81%). Los españoles hemos entrado en una languidez poblacional provocada por una fecundidad raquítica que nos impide desde hace ya muchos años, renovar las generaciones.

Además de otras consecuencias benéficas, la inmigración, que ahora nos preocupa tanto, ha permitido alejar de nosotros la sombra alargada del estancamiento poblacional.

Ya tenemos 5,2 millones de extranjeros empadronados que sin duda son más debido a la presencia de un volumen de irregulares difícil de cuantificar. La inmigración sigue viniendo del Norte de África y de la otra orilla del Atlántico, pero cada vez tenemos más ciudadanos comunitarios debido al crecimiento de la colonia rumana que se ha convertido en la nacionalidad más representada.

Ese cuadro de natalidad anoréxica e inmigración progresiva se completa con el tercer pivote sobre el que gira nuestro modelo demográfico. Un envejecimiento creciente y esperanzador, pero preocupante por sus consecuencias a medio plazo. En 2008 las personas de 65 años y más rebasan los 7,6 millones y los octogenarios los 2 millones.

En términos cuantitativos la población española tiene nombre de mujer. En la población total hay más hembras que hombres cuya presencia merma a medida que escalamos los tramos superiores de la pirámide de edades. Con 50 años los sexos están equiparados, pero con 80 hay sólo 68 hombres por cada 100 mujeres. La estructura por edades no cumple los fundamentos de la Ley de Igualdad.

Más población, poca natalidad, más extranjeros, más mujeres, más viejos: he ahí los ingredientes de un menú demográfico que se está haciendo crónico.