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Preocupaciones

Rafael Puyol [1]

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A veces se intuye un divorcio inquietante entre lo que discuten los políticos o airean los medios de comunicación y lo que interesa a los españoles. Eso, al menos, parece deducirse de los resultados del último barómetro del CIS.

Con lo que está cayendo, no puede extrañar que los temas más turbadores para nuestros ciudadanos sean el paro, los problemas económicos y la vivienda que junto al terrorismo de ETA y la inmigración completan los cinco primeros puestos del ranking.

Pero he querido irme a la cola de la larga lista para ver las cuestiones que suscitan menos interés. Y utilicé para ello las dos formas que maneja el barómetro para analizarlas. La primera incita a los encuestados a mencionar los tres problemas más importantes del país. El desglose de los resultados permite enumerar hasta nueve asuntos que no logran el 1% de las respuestas: las infraestructuras, los problemas de la ganadería y la pesca, la corrupción y el fraude, las guerras en general, el racismo, el funcionamiento de los servicios públicos, los nacionalismos, los problemas relacionados con la mujer y el Estatuto de Cataluña.

La segunda aproximación se interesa por las materias con mayor influencia en el entrevistado. Los resultados por debajo del 1% del interés suben con inclusiones como "las drogas", "la violencia contra las mujeres" y el "terrorismo internacional".

Ya lo ven. Algo preocupante se desprende de estos resultados que debería promover la reflexión. Si nos atenemos a la frecuencia estadística con que aparecen en las discusiones políticas o en los medios de comunicación, hay argumentos como los nacionalismos, incluido el Estatuto de Cataluña, la violencia contra la mujer o la corrupción, por sólo citar algunos, que son productos estrella en los debates o la difusión. Y sin embargo, la gente de la calle no los interioriza como objetivamente importantes o personalmente preocupantes (aunque lo sean).

A ellos habría que añadir uno más, "el Gobierno, los políticos y los partidos", que está bajo mínimos del interés personal de los entrevistados. Al menos, en este caso, los españoles no han perdido el sentido común.