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Tener una Teoría de la Mente I

Julián Montaño [1]

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El tema de mi anterior post La relación interpersonal [2] está relacionado con un una de las cuestiones más candentes de los últimos tiempos en Psicología, las ciencias de la conducta, ciencia cognitiva, neurociencias, etc. y Filosofía. El tema de “tener una teoría de la mente”. Supongamos que me aborda en el pasillo de mi casa mi vecino –del que hablaba en el anterior post- que amenazándome con una raqueta de paddle en la mano me dice “Scaramouche es una película de Stewart Granger”. Mi reacción natural ante la primera vez que acontece este señalado evento es la de intentar comprender a mi vecino, preguntarle “¿qué has dicho? repite bien no te he entendido”, la segunda puede ser avisar a la ambulancia o alejarme lo más pronto posible antes de que tenga una reacción aún más extraña (“en estos tiempos que corren cualquier precaución es poca”). Mis reacciones han tenido un escalado muy sencillo, primero he pretendido que mi vecino me comunicaba algo, tenía algo que decirme, y yo he dejado abierto el canal de comunicación y he intentado que la comunicación fluya. En una segunda fase he reaccionado como se suele reaccionar en estas situaciones, tomándolo por un loco. Lo que no he hecho en ningún caso es reaccionar como ante la máquina de tabaco cuando me dice “su tabaco, gracias” (por cierto, ¿por qué esa voz es siempre femenina?). La máquina de tabaco no tiene creencias, dentro de la máquina de tabaco no existen la creencia de que yo he cogido el tabaco y de que es bueno darme las gracias por haberlo comprado. No tengo ninguna reacción ante ella. Sin embargo los vecinos que empuñan raquetas de paddle sí tienen creencias. Dentro de ellos hay creencias acerca del mundo, los demás, etc. Los vecinos tienen estados mentales, y no sólo creencias, tienen deseos, emociones, etc. Mi problema con mi vecino es que yo no sabía interpretar cuál era el estado mental que debía atribuirle a mi vecino en ese instante y cuando después de barajar varias posibilidades vi que era difícil atribuirle uno coherente para un vecino que empuña una raqueta de paddle, entonces lo tomo por loco y llamo a la ambulancia o salgo huyendo (sus creencias y sus estados mentales están en un estado anormal, pero eso es otra cuestión). Frente a la máquina de tabaco yo atribuyo inmediatamente un estado mental a mi vecino. En un post posterior comentaré que tiene que ver esto con los chimpancés, los niños que juegan a ser Buzzlightyear, las mentiras y qué es “tener una teoría de la mente”.