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Alumnas

Rafael Puyol [1]

En los años de la fuerte masificación universitaria, cuando los alumnos llegaron a superar los 1,6 millones, pocos hablaban de que las cosas iban a cambiar. No había que ser un lince para ese discurso. Se sabía que por estos años comenzarían a llegar a las clases las generaciones mermadas por la fuerte caída de la natalidad y, al mismo tiempo, que nuestra tasa de escolarización universitaria ocupaba posiciones de cabeza en los rankings europeos que no aventuraban cambios significativos al alza.

La observación de la trayectoria reciente certifica los pronósticos. Los alumnos están disminuyendo desde comienzos de la década y aún han de reducirse más, por lo menos hasta el periodo 2015-2020 cuando la recién recuperada natalidad pueble de nuevo las aulas.

Entre 2001 y 2015 se calcula que perderemos 300.000 estudiantes nativos que sólo en parte podrán ser compensados por los hijos de los inmigrantes que acudan a la Universidad.

El cálculo del retroceso parece correcto si se observa el dato para el curso 2006-2007 que ha dado a conocer la Estadística de la Enseñanza Universitaria en España: 1,4 millones de estudiantes, es decir, 150.000 menos a mitad de camino de las fechas del cálculo.

La mencionada publicación confirma además otra tendencia que adquiere carta de naturaleza: la irresistible ascensión de las mujeres en la mayoría de los indicadores universitarios. Ya son casi el 55% del total en los estudios de grado, acaban antes la carrera que los hombres, y obtienen, en general, mejores resultados. Todavía hay más profesores que profesoras, pero las diferencias se acortan aprisa en los volúmenes y algo más despacio en las categorías más altas del escalafón.

Así pues, desmasificación y feminización creciente son dos de los rasgos más definitorios de la trayectoria demográfica de la Universidad española. Un sistema definido por un abrumador predominio de lo público y una modesta presencia de las Universidades privadas que, sin embargo, crecen ligeramente en su matrícula. Y un sistema con un predominio abrumador del alumnado autóctono que tiene ante sí el reto ineludible de la internacionalización.

Alguien ha dicho que el siglo XXI será el de las mujeres. Los datos de la Universidad española confirman esta aseveración.