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Espejos del Universo

Julián Montaño [1]

Leibniz_machine [2]

Uno de los filósofos más interesantes de todos los tiempos es Gottfried Wilhelm Leibniz (1646–1716), probablemente una de las mentes más preclaras y poderosas de su época. Si el no hubiera hecho investigaciones en lógica, probablemente la lógica moderna no se hubiera podido desarrollar y con ella las máquinas de vending y los ordenadores. Es una de las mejores figuras matemáticas de todos los tiempos (diseño una calculadora), escribió de religión, de historia, de cualquier cosa imaginable y conoció a todos los cerebros de la época.

Para Leibniz los principios ultimos en los que se componía el mundo eran las Sustancias. Las sustancias tenían además unas características muy particulares, todas ellas derivadas de férreos principios lógicos.

No hay dos sustancias iguales, si las hubiera serían la misma; una sustancia es indivisible, si se puede dividir es un compuesto de sustancias, una sustancia es un mundo completo, como un espejo de todo el universo.

Quizás sea esta característica la que más nos sorprenda. Estamos en la era del barroco, la era de los espejos infinitos y Leibniz es hijo de su época. Toda sustancia, que Leibniz también llamó mónada, en principio es indestructible salvo que Dios la aniquile. Asimismo toda sustancia es la suma de todos sus atributos digamos que de todos sus estados (esto lo saca Leibniz de la ley lógica de que todo sujeto debe contener todos sus predicados posibles), por lo tanto si es infinita debe ser la suma de infinitos estados. Ahora bien Leibniz propuso también que Dios dispuso que la serie de predicados de cada mónada reflejara la serie de predicados del resto de mónadas, de tal modo que todas reflejan el universo entero desde un punto de vista. Dios ha dispuesto armónicamente, una armonía preestablecida (estamos en e bárroco y los relojes están haciendo furor), que la historia de los reflejos mutuos de las mónadas-espejo transcurra coherentemente y este es el mundo de los fenómenos que nos encontramos. Lo que vemos, los predicados de las cosas que se pueden decir, todos son percepciones de mónadas que contienen potencialmente dentro de sí todo el universo.

Todo esto es bastante complejo y tiene detrás mucha lógica (Leibniz fue el inventor/descubridor de los principios lógicos de identidad y de razón suficiente) y mucha problemática metafísica. Pero lo interesante es la idea de universo que da: infinitas mónadas –sustancias individuales- cada cual distinta que no se comunican entre sí pero que sí reflejan todo el universo como en un espejo. Puede ser una fábula del mundo actual donde cada cual tenemos acceso a –virtualmente- todo el universo, donde todo lo que se puede decir está contenido o es accesible desde nuestros dispositivos electrónicos. Somos como una red de infinitas mónadas que reflejan todo lo que pasa y lo que pasa es esa interacción entre los reflejos de una y otra, los mensajes que emitimos.