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Otra vuelta de tuerca sobre el saber en comunidad

Julián Montaño [1]

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Se puede hacer una distinción entre educación lineal y educación en red. Un ejemplo de educación lineal es la de la antigüedad romana. El pedagogo enseña al discípulo. Otro ejemplo es el de la moderna educación universitaria continental: el profesor se sube al estrado y enseña contenidos a los discentes. La información (y sólo información) sigue sólo una dirección. Ejemplos de educación en red se me ocurren que pueden ser fenómenos como el Movimiento de Oxford en el s. XIX británico, cuando un nuevo espíritu teológico animó a toda una generación a tomar parte en foros, discusiones y la publicación de los famosos Tractos (tratados teológicos) que causaron una reforma sin precedentes en la Iglesia de Inglaterra (para ver qué pensaban estos señores de la Universidad se puede leer del Cardenal Newman The Idea of a University) y en la que la dirección del saber no era vertical sino que tenía la forma de retícula, de comunidad de saber que avanza en constante cooperación donde las situaciones personales y el avance en contenidos van de la mano.
Los monasterios medievales son otro ejemplo de saber que avanza en red. En este caso la interacción entre el miniaturista, el copista , el escriturista y el teólogo a la hora de hablar de libros, comentarlos, ilustrarlos, copiarlos, etc. ocasionaba un enriquecimiento mutuo y un acrecentamiento del stock de saber. Asimismo las situaciones personales estaban mezcladas con el propio ritmo del saber: no había un ámbito de saber separado y perfectamente identificable aparte del propio ritmo de vida de cada uno de los que participaban en la comunidad. Las nuevas instituciones, las instituciones del s.XXI deben destacar porque, lejos del ideal posmoderno de la transversalidad (que no es más que la educación lineal disfrazada de mezcla de disciplinas), tiene el ideal del “saber en conexión”, donde las situaciones personales, el ocio y los ámbitos de intercambio de saber están mezclados, donde hay iniciativa personal y las oportunidades para tomar parte en la modulación del saber a través de todo tipo de plataformas en las que uno puede participar abundan. No en vano esto se basa no en una idea de saber sino en una idea de persona, igual que el ideal de los Monasterios se basó en una idea de persona (el sabio, frente al posterior investigador universitario o el científico indagador), y al igual que el Movimiento de Oxford y el cardenal Newman a la hora de hablar de la Universidad se basaban en un objetivo de lo que debían ser los que aprendían en la institución (el Gentleman educado frente al Ingeniero decimonónico continental). La idea de persona que se baraja ahora es la de miembro de una comunidad, alguien en conexión permanente con entornos heterogéneos, un centro de una retícula de intercambio de información, iniciativas, avances, retrocesos, cooperación.