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San Petersburgo y Sus Personajes

Arantza de Areilza [1]Yussupov

Esta mañana pensaba ¿quién podría describir mejor la maravillosa ciudad de San Petersburgo [2] ?, ¿quién podría retratar con mayor fidelidad el apogeo de su esplendor y ser capaz de transmitir con hábil belleza el alma de la ciudad del Neva que los rusos contemporáneos llaman con cariño "Peter"? Recordé ,entonces, al personaje más cautivador cuyas memorias haya leído, el príncipe Felix Yusupov.

Por parte de madre, el último de los Yusupov [3] era descendiente directo de los Khanes Nogai tártaros, y, por parte de padre, era bisnieto del Rey Guillermo IV de Prusia [4]. Su Alteza Serenísima heredó la mayor fortuna de Rusia, que muchos calculaban superior a la de los propios Zares.

Felix Yusupov era el hijo cadete de la Princesa Zenaide Yusupov y del Conde Felix Sumaroff-Elston, la más alta aristocracia rusa. Ese azar de cuna, le permitió vivir el esplendor aristocrático de los últimos años de la Rusia Zarista, y, presenciar el final de aquel mundo y del país que había conocido.

En sus memorias, tituladas "Lost Splendor [5]", Felix Yusupov narra, con el distanciamiento y el fino humor característicos de la educación oxfordiana que recibió, los modos de vida de la aristocracia rusa de principios de siglo, y el fasto y el refinamiento que plasmaron en palacios como el del Moika [6] de San Petersburgo o el precioso Arkhangelskoye [7] moscovita.

Pero, quizá, lo más atractivo de sus memorias sea la compleja personalidad del autor.

Felix Yusupov poseía una gran belleza a la que acompañaba una inteligencia lúcida y gustos artísticos refinados. En su juventud fue objeto de numerosos escándalos al conocerse sus escapadas nocturnas disfrazado de cabaretera (le delataron las valiosas joyas de su madre que llevaba puestas), y de mendigo, deseoso de conocer la realidad social de su país fuera de los círculos nobiliarios a los que pertenecía. Felix fue el único de sus hermanos que sobrevivió la maldición que pesaba sobre su familia en la que los varones Yusupov morían antes de cumplir los 26 años, edad a la que su hermano mayor falleció víctima de un duelo el día de su cumpleaños.

Felix Yusupov fue seguramente bisexual,  lo que no impidío que contrajera matrimonio con la Gran Duquesa Irina Alexandrovna, sobrina del Zar Nicolas II, a su regreso de Oxford en 1913.

Aquel invierno, San Petersburgo solo hablaba de la influencia de Gregori Rasputin sobre la familia imperial. A Rasputin, hijo de un ladrón de caballos siberiano, se le atribuían todo tipo de poderes curativos  a través de la hipnósis, y, sus adeptos llegaron a ver en él la reencarnación de Cristo.

Los altos cargos de la Corte Zarista estaban profundamente inquietos por la influencia del "staretz" sobre la Zarina, y, la debilidad del Zar que hacía peligrar el Trono.

El Príncipe Yusupov vió el peligro desestabilizador que representaba esa figura oscurantista en el transfondo político convulso  del momento y decidió asesinar a Grigori Rasputin [8], un escalofriante episodio que describe detalladamente en sus memorias. Tras ganarse la confianza del predicador, Yusupov le invitó una noche a su palacio del Moika donde, tras una larga y angustiosa velada en la que el veneno mezclado con vino no surtió efecto, se vió obligado a culminar su propósito con varios disparos, antes de que sus cómplices lanzaran el cuerpo, todavía con vida, al gélido río Neva.

Alguna hipótesis sugiere que Felix Yusupov pertenecía a los servicios de inteligencia británicos, quienes vieron en él el instrumento ideal, por relaciones y su cuasi inmunidad jurídica, para eliminar de la Corte Rusa, el ascendente germanófilo encarnado por Rasputin. Personalmente, dudo del interés de uno de los aristocratas más independientes, influyentes y acuadalados de la Rusia Zarista en formar parte del engranaje de intereses de un Gobierno extranjero.

En 1919, el Principe y su familia tuvieron que abandonar Rusia tras serles confiscados todos sus bienes de los cuales solo consiguieron salvar algunos objetos preciosos, dos Rembrandt y la perla Peregrina [9], la perla que Felipe IV de España regaló a su hija María Teresa con motivo de sus esponsales con Luis XIV de Francia. Los Yusupov vivieron la primera época de exilio en Londres para establecerse definitivamente en París, donde el Principe Felix, el último de su estirpe,falleció en 1969.