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Inteligencia y Felicidad

Fernando Fontes [1]

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Con gran alegría retomo, después de más de un mes de ausencia, mi colaboración semanal en Sapiens.

En estas largas vacaciones de Navidad, al menos a mí, que no he salido de Madrid, se me han hecho muy largas, he releído algunos libros de ficción de Borges, lo que me ha llevado a “La inteligencia fracasada” de José Antonio Marina.

La razón de que Borges me llevara a Marina es que Borges le hace decir a uno de sus personajes dos cosas que me han vuelto a impresionar.

La primera es cuando dice: “he cometido el mayor de los pecados que un hombre puede cometer: no he sido feliz”.

Y la otra: “Me había acostumbrado a la infelicidad y acaso no la cambiaría por la felicidad”.

Estas dos frases me hicieron recordar que José Antonio Marina relacionaba inteligencia y felicidad y, efectivamente, en “La inteligencia fracasada” antes citada dice:

“La inteligencia fracasa cuando se equivoca en la elección del marco. El marco de superior jerarquía para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que lo aparte o le impida conseguir la felicidad”.

Esto me hace pensar si la mayor parte de la gente que conozco no es inteligente o no sabe utilizar su inteligencia para tratar de obtener la felicidad.

Y Marina sigue dándonos algunas claves sobre algunos claros fracasos de  la inteligencia. En concreto, cita cuatro: el prejuicio, la superstición, el dogmatismo y, el peor de todos, el fanatismo.

– El prejuicio. Tener un prejuicio es estar, absolutamente, seguro de una cosa que no se sabe. Se caracteriza porque el sujeto sólo selecciona la información que corrobora su prejuicio.

– La superstición. Es, etimológicamente, la supervivencia de una creencia muerta, injustificable pero que sigue influyendo en un sujeto que, con frecuencia, trata de justificar su aceptación.

– El dogmatismo. Está muy cercano al prejuicio y a la superstición. Aparece cuando una previsión queda invalidada por la realidad, a pesar de lo cual no se reconoce el error sino que se introducen las variaciones adecuadas para poder mantener la creencia previa, que es de lo que se trata.

– El fanatismo. Incluye todos los fracasos de la inteligencia, pero añade dos elementos extremadamente peligrosos. Una defensa de la verdad absoluta y una llamada a la acción. Voltaire decía que el fanatismo no es más que la superstición llevada a la práctica.

Tengo ganas de hablar con Marina y decirle que algo falla, porque yo que no soy prejuicioso, ni supersticioso, ni dogmático, ni fanático, a veces, tengo problemas para hacer que mi conducta me haga feliz.

Qué opináis?