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Oh madre, ¿qué he de clamar? A Cooking Egg. Apostilla a dos Posts de Miguel: Coriolano y Dionisos.

Julián Montaño [1]

Eliot

Coriolano es el título que T.S. Eliot le dio al conjunto de dos poemas suyos Marcha triunfal y Dificultades de un estadista. Están compuestos en 1931 y son un mosaico de citas, guiños y bromas secretas con un ritmo fascinante. Very much a Modernist poem. Coriolano es la imagen, el correlato objetivo de la experiencia personal del poder fuera de la ley, de la conducta fuera de la norma, del deseo insatisfecho que se convierte en ley para sí mismo y deserta de la ciudad, del nomos, de la urbe. Con la tragedia de Coriolano Roma, la Inglaterra renacentista o la Inglaterra moderna se contó a sí misma el desastre del poder sin la norma que lo trasciende. Eliot mezcla en su particular homenaje a Coriolano la parafernalia del ejército moderno, la jerga de la administración pública y el lenguaje solemne de la antigua épica, como si Coriolano también fuera el correlato objetivo, la imagen, también de la experiencia moderna y contemporánea del poder. En la web pueden encontrarse enteros (creo que la Faber & Faber es muy suya para dejar que se copien enteros y no quiero saltarme las leyes de la urbe) merece la pena repasarlos.

Y además porque no sólo hablan del poder, también de la conciencia del Hombre Moderno, presa de su propio deseo infantil y ciego ("¿Qué he de clamar, Madre, madre") e inmediato, que no reconoce ninguna norma trascendente (el über-mensch nietzscheano). En 1922 Eliot le hizo un homenaje en La Tierra Baldía:

Dayadhvam: I have heard the key

Turn in the door once and turn once only

We think of the key, each in his prison

Thinking of the key, each confirms a prison

Only at nightfall, aetherial rumours

Revive for a moment a broken Coriolanus

Cada cual en su cárcel, pensando en la llave, presa de su conciencia y sus deseos, sin mirar a la patria, la urbe, los otros. Y es curioso, detrás de las citas de Coriolano de T.S. Eliot también está el Infierno de Dante y de la Roma sombría más que de la clásica (la de sibilas antiguas que gimen en recónditos parajes, la de sacerdotes que esperan en lagos umbríos ser depuestos mediante la muerte por la espada): Miguel dinos ¿qué tiene el norte de Italia?

En cuanto a lo de ponerle nombre a los gatos en Old Possum’s Book of Practical Cats, Eliot le puso nombre a varios, y apuesto una noche en el campamento de los Volscos a que detrás de uno de ellos está Coriolano (el Coriolano de Eliot, no tu gato) tan preso de su conciencia como un gato, un animal tan terrible y querido para Eliot.

Hay más de un libro sobre T. S. Eliot que tiene en la portada gatos y especialmente alguna fotografía del famoso musical CATS (basado en Old Possum’s Book of Practical Cats) y uno de ellos es interesantísimo: The Savage and the City in the Work of T.S. Eliot (Robert Crawford, OUP, 1991). Cuenta como Eliot estaba obsesionado con la idea de una cultura dionisíaca, compuesta por hombres entre los que no hay distancia entre el deseo y sus satisfacción. Para él el paradigma de la Modernidad es el de un engaño colosal, ya que detrás de la idea de civilización moderna está Dionisos, el hombre brutal, el salvaje.

La diferencia entre lo crudo y lo cocido está en que para comer lo cocido media un proceso de elaboración cultural, hay una distancia entre el deseo de comer y la comida, media la cultura. Lo propio del salvaje es la vuelta al origen indiferenciado, la integración en la naturaleza brutal y ciega, sin una anterioridad cultural (nomos, urbe, cocina) que medie, por eso come lo crudo. Y por eso es Dionisos el arma que esgrime Nietzsche para distanciarse de la civilización (moderna) -por cierto Fernando, y en relación al tu post Pasado, Presente y Futuro, esto Nietzsche lo coge de Schopenhauer, porque el hombre dionisiaco es el que vive en el puro presente, en la pura inmediatez sin un pasado que le obligue a normalizar (a cocinar, a elaborar culturalmente) el presente (vid. mi comentario al Post de Fernando).

En Poesías (1920) Eliot dedica una serie a Sweeney, un siniestro personaje de ficción que representa el hombre moderno, un salvaje latente, presa de sus deseos. Hay uno de ellos que se titula, a propósito de lo crudo y lo cocido, A Cooking Egg, y donde sale retratado el hombre urbano y moderno formando una horda bárbara. Poco después de un irónico homenaje a Coriolano (No me faltará Honor en el Cielo/ pues encontraré a Sir Philip Sydney/ y conversaré con Coriolano/ y otros héroes de esa laya.) dice

Las aves de carroña, con ojos rojos, surgen furtivas
desde Kentish Town a Golder’s Green;

¿Dónde están las águilas y las trompetas?

Enterradas bajo Alpes hundidos en nieve,
sobre bollitos y pastas con mantequilla
Llorando, multitudes en llanto
se dejan caer en cien autoservicios.

Todo un homenaje a Dante (multitudes en llanto), a Coriolano, y a la avidez siniestra (dionisiaca, nietzscheana) del hombre de la era de lo máximamente cocinado (el autoservicio). Todo queda por cierto en los Alpes, al norte de Italia, Miguel.