17
Oct

Patos

Julián Montaño

Aparentemente los Patos descubrieron que en realidad lo que había en la cueva era una imagen verdadera del Gran Pato Primigenio, pintada en las paredes de la cueva con el barro original de la laguna. Esto coincidía con la leyenda que aseguraba que en un tiempo lejano todo el valle había sido una laguna y demostraba que los Patos estaban aquí por derecho propio. A partir de ahora las cosas iban a cambiar. Los Conejos tendrían que dejar su funesta manía de cultivar melones y zanahorias y cazar para los Patos. Al fin y al cabo los Conejos –se acababa de demostrar- eran los inquilinos y no al revés.

Los Conejos reaccionaron. Enviaron a sus juristas y teólogos a hablar con los Patos (que se hallaban ya en posesión de la cueva) y a demostrarles que lo que había pintado en la cueva era un Conejo, les pidieron por tanto que miraran bien lo que había pintado en la cueva.

“Si miráis bien descubriréis que lo que hay pintado es un Conejo no un Pato, miradlo detenidamente. Esto demuestra que este es nuestro sitio y vosotros sois los inquilinos”. “No, miradlo bien vosotros, ¿veis? es un Pato lo que hay aquí pintado, esto nos pertenece, la aldea nos pertenece, vosotros tendréis que trabajar para nosotros.”

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16
Oct

Coriolano

Written on October 16, 2007 by Administrador de IE Blogs in Literature

Coriolano_3Miguel Herrero

Su historia es conocida, de fuerza, de odio, de traición y de amor. En los primeros tiempos de la República, cuando Roma luchaba por la supremacía del Lacio, Cayo Marcio destacaba entre todos por carácter y valor. Llevó a los romanos a la victoria en incontables batallas, y la conquista de Coriolos le dio un nombre que aún resuena. Pero pronto perdió en el fango de la política lo ganado en la arena de la guerra. Acérrimo patricio, enfrentado a la plebe, arrogante y colérico, el mismo ardor que derrotaba ejércitos le ganaba a diario enemigos entre el pueblo y el Senado. Como tantos guerreros en tiempos de paz, su suerte estaba echada. El partido plebeyo lo acusó de cargos calumniosos, se defendió con soberbia e improperios, y fue condenado al exilio. Y en esa hora amarga, dejando atrás los llantos de los suyos, la injusticia le hizo volverse contra la patria que lo expulsaba, y se puso al servicio de los viejos rivales de Roma, los volscos, que acogieron a su antiguo enemigo con todos los honores. Al mando de los volscos, saqueó los campos y derrotó a los ejércitos romanos, que huían con sólo reconocer a su antiguo y temido general. Y al fin, acampó delante de la ciudad para tomarla.

Entonces el Senado envió a su tienda a embajadores, sacerdotes, patricios y antiguos amigos, para que le convencieran de deponer su cólera, con súplicas, halagos y promesas. Pero Coriolano les despidió airado, porque en su corazón sólo ardía la venganza. Y cuando el terror ya reinaba en la ciudad por la invasión inminente, entonces salieron a suplicarle las mujeres, conducidas por su madre Volumnia. Al reconocerlas, Coriolano enmudeció, y su madre habló: “sábelo: no podrás invadir tu patria sin antes pisar el cuerpo que te parió”. Tras un silencio eterno, su hijo, conmovido, respondió: “¡qué me has hecho, madre mía! tuya es la victoria, y tu victoria es la salvación de mi patria, pero es también mi muerte. Pues me retiro vencido, pero sólo por ti”. Y mandó retirarse a las tropas. Y como preveía, pocos días después fue muerto a manos de los volscos, despechados por la frustrada esperanza de acabar con Roma.

La leyenda de Coriolano ha sido contada muchas veces desde antiguo hasta este blog. Georges Dumézil estudió en Mito y Epopeya su origen indoeuropeo –pues los romanos trasponen a su historia nacional de hombres heroicos los mitos que los griegos y los indios atribuyen a sus dioses–. Pero nunca se cuenta igual dos veces una historia, y el mismo personaje se pinta distinto en cada cuadro. La tragedia de Coriolano vuela de siglo en siglo y de arte en arte. Tito Livio quiso mostrar que a Roma sólo un romano la podía derrotar; Plutarco en sus Vidas Paralelas lo emparejó con el griego Alcibíades, otro gran genio de creación y destrucción; Shakespeare le dedicó la última y más política de sus tragedias, que llevó a la perfección de la escena Sir Laurence Olivier, más romano que César; Beethoven compuso una obertura en su honor, en la que resuenan los momentos alternos de su vida cambiante y siempre arrebatada; y yo, que, modestamente, me pongo el último de la lista, di su nombre a mi gato Coriolano, cuyo temperamento de tigre temen visitas y veterinarios, y que sólo una mujer logra amansar.

16
Oct

Lost Paradises in the Enlightment.

Written on October 16, 2007 by Arantza de Areilza in Literature

Arantza de Areilza                                        (Click here for this post in Spanish)

Montesquieu_2 I recently reread the book by Carmen Iglesias Cano, member of the Royal Spanish Academy of History and Language, entitled "Reason and Feeling in the 18th Century," in which chapter five discusses the lost paradises in Montesquieu´s "The Persian Letters" and the Rousseauian discourses.   

The author analyzes the popular belief of the Enlightment in an original innocence, in a primitive perfectionism in which a man invaded by nostalgia yearns to return.  This signifies the perfect communion between the spiritual and the material, represented by Rousseau in the figure of the "bon sauvage" (the good savage).  However, this good savage will remain childlike throughout generations, something rather unlikely in the presence of man´s capacity for perfectionism.   

Rousseau considered the search for riches, the thirst for discovery and the desire for social and professional reconnaissance as an excess of one’s self, "an alienation in appearance" and the maintaining of "a torn duality."  In reference  to his education, he wrote:

"I no longer want anything to do with a delusory occupation in which it is thought that everything is done for wisdom, and everything is done for vanity."

This original nostalgia reveals a disappointed vision of the historic moment.   

Adversely to Rousseau’s moralistic severity, we find illustrated theses such as  Mandeville’s "The Fable of the Bees," in which happiness springs forth as the ultimate end for a man in detriment of virtue.  Luxury and trade appear like a phenomenon, intrinsic to the development and power of Nations.  According to Carmen Iglesias, it is in this moment in which vice becomes virtue.   

Contrary to Rousseau, the author analyzes how Montesquieu focuses on searching for the mechanisms that adapt institutions to the natural inclination of man to liberty.   He rejects the notion of free will, which Rousseau defends.    He argues for the necessity of suitable institutions for mankind as guarantees of their freedom and emphasizes his opposition to uniformity.

Rousseau moves through history as a totalitarian democratic thinker with his famous maximum "obligation to be free" in his nostalgia for lost Paradise. 

Do you think that paradises can be recovered?  In the affirmative case, do you think that the ends justify the means?   Can you oblige somebody to be free?

16
Oct

Los hijos son para el invierno

Written on October 16, 2007 by Rafael Puyol in Arts & Cultures & Societies

Rafael Puyol

Winterkids

Los hijos solteros porque los casados, como las bicicletas, son para el verano. Me explico. No son pocas las familias españolas que siguen albergando en su seno hijos con la juventud madura, que han terminado sus estudios o siguen cursándolos. Aún no trabajan o realizan sus primeros pinitos laborales, pero dependen para sus necesidades de acomodo e intendencia del presupuesto familiar.
Son los hijos del invierno (y del otoño y de la primavera…)  que, sin embargo,en verano ponen tierra mar o aire por medio y buscan la independencia y el bullicio en “horizontes lejanos”. Con ese distanciamiento temporal podría pensarse que sus padres añorarán su presencia crónica, por supuesto aceptada y querida, pero a veces excesivamente prolongada ,por razones  inmobiliarias que no dependen de esos chicos.
El matrimonio hace  triste las maletas , se van al mar o a la montaña y se acomodan en su remanso estival ; pero apenas tienen tiempo para interiorizar la añoranza. Con el calor llega a la casa la hija o el hijo casados, con su cónyuge, un par de angelitos y una interna inmigrante que completa el kit de ese desplazamiento temporal. La joven pareja acude con vocación de permanencia, despliega su impedimenta, okupa la casa, aposenta el servicio, da instrucciones a la abuela y se va a cenar con los amigos.

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13
Oct

IF – Kipling

Written on October 13, 2007 by Santiago Iñiguez in Arts & Cultures & Societies

Santiago Iniguez

Rudardkipling

I am sure you are familiar with Kipling’s “If”, originally written for his son, as it has been one of the most recited and quoted poems in recent times. I have heard it at numerous toasts and speeches made by managers. It is fresh, positive, forward looking and humane. You have probably identified yourself with one or some of its verses at some stage in your career.

I hope you enjoy:

IF

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you
But make allowance for their doubting too,
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise:

If you can dream–and not make dreams your master,
If you can think–and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build ’em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
And risk it all on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: "Hold on!"

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings–nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much,
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And–which is more–you’ll be a Man, my son!

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