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Universo Foster

Written on June 6, 2017 by Manuel Lucena Giraldo in Arts & Cultures & Societies

Por Manuel Lucena Giraldo, Profesor Asociado de Humanidades

«El di­se­ño no tie­ne que ver con la mo­da, sino con la su­per­vi­ven­cia»
¿Por qué España? ¿Por qué Madrid? Ahora que la consigna de las políticas públicas en las mayores capitales españolas no se dirige a construir, sino al decrecimiento, se frena la inversión productiva y nos quieren obligar a ir por el centro solo en bicicleta, la fiesta global que supuso la presentación en sociedad de la Fundación Norman Foster ha aportado una nota de optimismo. En el Teatro Real, un marco exquisito en el origen de la trama urbana madrileña, proclamó la convocatoria: «El futuro es ahora».
No hubo en la intervención inicial de Foster sombra alguna de afectación personal por encontrarse en España y en Madrid, excepto para bien. De mirada romántica, nada. El maestro de arquitectos y premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009, por el contrario, dejó traslucir con su habitual elegancia una posición de preeminencia y liderazgo articulada en el talento del impresionante elenco presente en la sala, que fue lo más destacado.
Foster señaló para el que quisiera escuchar que la razón por la cual ha depositado en el restaurado palacete del duque de Plasencia, de la calle Monte Esquinza, sede de su fundación, más de 74.000 documentos, dibujos y planos, material fotográfico, maquetas, correspondencia, cuadernos de bocetos y objetos personales, radica en que Madrid es «un lugar para comenzar». Una urbe que posee un acumulado de experiencia humana densa, pero también una energía renovada, que se proyecta en todas direcciones. Una de las grandes ventajas globales de la capital española reside en su alma barroca. Sin las tiranías de la identidad obligatoria y parroquial, que en otros lugares causan estragos, vive a su manera una modernidad líquida y flexible, cambiante, muy remotamente postimperial, que va saliendo a la luz.
En segundo término, tras la intervención de Foster, las conversaciones de los invitados sobre el papel de la tecnología y el diseño, o el papel crucial de las infraestructuras, mostraron el abismo conceptual que divide a quienes, como Negroponte, se alinean con visiones optimistas del cambio social por efecto de la tecnología, y quienes, como Ferguson, piensan que lo humano es imprevisible y no sabemos qué puede pasar –pero podría ser nefasto–. Uno de sus brillantes ejemplos aludió al patético desconocimiento de la historia de quienes gobiernan Silicon Valley. En manos de quiénes estamos, vino a decir.
Ambos puntos de vista, el que considera a las ciudades como máquinas robóticas que en el futuro serán capaces de prescribir problemas y solucionarlos sin intervención humana, y el que piensa que son organismos culturales que si no parten de la experiencia humana fracasarán, estaban vinculados ya en la intervención de Foster. El diseño es la solución, pues armoniza y relaciona el cuerpo y la máquina. Esperemos que quienes gobiernan nuestras ciudades aprendan de sus ideas: «El diseño no tiene que ver con la moda, sino con nuestra supervivencia; junto a la educación, es básico para crear un mundo mejor».

Publicado en ABC (02/06/2017)

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