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Cuánto vale el español

Written on April 29, 2011 by Banafsheh Farhangmehr in Arts & Cultures & Societies

Por Manuel Lucena, Profesor de IE School of Arts & Humanities

Incluso los más necios tendrían que reconocer la importancia de una política de la lengua española a la altura de los tiempos de globalización que nos ha tocado vivir. Los datos del español, que como señaló Mauricio Wiesenthal con inteligencia y gracia «es más moderno que el castellano», implican una comunidad que reúne 440 millones de habitantes y tiene usos comunicativos en la escena pública, diplomacia exterior, actividad empresarial o industrias culturales.

Nuestro idioma es global porque es americano y reúne al 90 por ciento de sus hablantes fuera de Europa. No sólo resulta triste, sino que carece de utilidad estratégica, pensar en la situación del español dentro de la propia España, donde es en ocasiones objeto de delirantes y carísimas políticas de exclusión o de puro racismo lingüístico, o en las instituciones de la Unión Europea, donde tampoco se reconoce su importancia y valor económico.

Flujos migratorios

El español, lengua americana, conecta expectativas de futuro con realidades de presente, se somete al análisis de la economía y la ciencia política y resiste sin problemas los embates del populismo ficcional, que pretende marginarlo. Por eso celebramos la publicación de este espléndido y ambicioso volumen, elaborado bajo la dirección de José Luis García Delgado, José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez.

Después de oportunos prólogos a cargo de Carmen Caffarel y Javier Nadal, los directores elaboran una síntesis de los argumentos en torno al valor económico del español. A continuación, Francisco Moreno y Jaime Otero desgranan la cartografía de nuestra lengua en el mundo: tercera en número de hablantes y segunda global; situación en el ámbito hispánico y fuera de él…

El capítulo «Lengua y emigración: España y el español en las migraciones internacionales», de José Antonio Alonso y Rodolfo Gutiérrez, es uno de los más novedosos, en la medida en que se ocupa del factor idiomático en los flujos migratorios. Asuntos como la selección de mercados de destino de la emigración, las habilidades lingüísticas de los inmigrantes, o la vinculación entre dominio del idioma e ingresos salariales, muestran elementos de enorme interés.

Otro epígrafe decisivo es «El español como instrumento de la internacionalización empresarial», a cargo de Juan Carlos Jiménez y Aránzazu Narbona. Los autores hablan de «El PIB del español en el mundo: un ancho mercado común», comercio internacional y flujos de inversión directa, para concluir que el idioma reduce los costes de transacción, multiplica por tres el comercio y constituye «un intangible que suple otras carencias, aproximando lo que estas distancian, pero no es la multiplicada palanca para el progreso al que todo mercado común debe aspirar».

Cipriano Quirós aborda «El español y la sociedad de la información», para concluir que la importancia del español, un 4 por ciento de la red, dependerá de la mejora de la educación y las infraestructuras de conexión. Si en este campo queda mucho por hacer, en «La economía de la enseñanza del español como lengua extranjera» María Eulalia Bombarelli, Miguel Carrera Troyano y José J. Gómez Asencio explican cómo mejorar la oferta y consolidar una industria con problemas.

Industrias culturales

Otra aportación determinante es la de Manuel Santos Redondo y Manuel Moisés Montás Betances, «Economía de las industrias culturales en español»: teatro, música, cine, televisión y radio, traducciones, periódicos, revistas y agencias de noticias, archivos y bibliotecas, juegos, juguetes y video-

juegos, turismo, publicidad e informática. Con datos de 2009, casi 32.000 millones de euros, un 3,3 por ciento del PIB español. Finalmente, Agustín Cañada y Francisco Javier Girón tratan la presencia del español en las cuentas nacionales como recurso económico ascendente en el PIB y en el empleo.

«El español abre puertas y salta océanos y por ello debería formar parte de una política de Estado», ha subrayado José Luis García Delgado: su falta constituye una muestra más del riesgo de marginalidad que nos acecha.

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