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Ana María Matute recibe de manos de los Reyes el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas

Ana María Matute: “El que no inventa no vive”

[1]Más breve, menos erudito, más cercano y sincero que discursos precedentes, el de la escritora Ana María Matute este mediodía en Alcalá de Henares, a la hora de recoger el premio Cervantes, ha calado en los asistentes. En presencia de los Reyes, el presidente del Gobierno y otras autoridades, esta frágil señora de 84 años ha desplegado una férrea y bella defensa de la invención como valor supremo en la vida. “El que no inventa no vive”, ha aseverado Matute con convicción. Ella es la tercera mujer que recibe el galardón más prestigioso de las letras hispanas. Desde que fuera fundado hace tres décadas, también lo han recibido la filósofa española María Zambrano y la poeta cubana Dulce María Loynaz.

La cercanía de las palabras de Matute quizá ha quedado reforzada por el hecho de que la escritora no haya subido a la solemne cátedra plateresca del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Sentada en una silla de ruedas, junto a una mesa baja, un halo de intimidad y ternura ha envuelto a las palabras de Ana María Matute mientras esta trazaba un ágil relato de su relación con la literatura: “la mía es una vida de papel”.

La capacidad de ficcionar ha servido a Matute de abrigo en una existencia a la intemperie: “La literatura es el faro salvador de muchas de mis tormentas”. Vivió la guerra civil con 11 años, cuando conoció “el terror y el odio” y el mundo se volvió de repente “del revés”. Ingresó entonces Matute en “la generación de los niños asombrados” y comenzó a comprender la importancia de los textos que arrancan con un “érase una vez…”. Matute, en su tierno discurso, ha salido en defensa también del cuento como género mayor.

La ficción funciona para la escritora catalana como territorio de salvación, una suerte de santuario donde parapetarse y en el que los personajes en cierta manera protegen al lector. “Si algún día se encuentran ustedes con mis historias, con mis criaturas, créanselas, porque me las he inventado”, ha concluido Matute.

Se fue publicado en El País [2]