Por Manuel Lucena, Profesor de IE School of Arts & Humanities
Incluso los más necios tendrían que reconocer la importancia de una política de la lengua española a la altura de los tiempos de globalización que nos ha tocado vivir. Los datos del español, que como señaló Mauricio Wiesenthal con inteligencia y gracia «es más moderno que el castellano», implican una comunidad que reúne 440 millones de habitantes y tiene usos comunicativos en la escena pública, diplomacia exterior, actividad empresarial o industrias culturales.
Nuestro idioma es global porque es americano y reúne al 90 por ciento de sus hablantes fuera de Europa. No sólo resulta triste, sino que carece de utilidad estratégica, pensar en la situación del español dentro de la propia España, donde es en ocasiones objeto de delirantes y carísimas políticas de exclusión o de puro racismo lingüístico, o en las instituciones de la Unión Europea, donde tampoco se reconoce su importancia y valor económico.
Flujos migratorios
El español, lengua americana, conecta expectativas de futuro con realidades de presente, se somete al análisis de la economía y la ciencia política y resiste sin problemas los embates del populismo ficcional, que pretende marginarlo. Por eso celebramos la publicación de este espléndido y ambicioso volumen, elaborado bajo la dirección de José Luis García Delgado, José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez.








