Por Rafael Puyol, Professor of IE School of Arts & Humanities
Vivimos una etapa de intensa globalización en la que todo se interpreta en clave internacional. La formación, particularmente la terciaria, no escapa a esta consideración, pero ¿Qué significa internacionalizar la Educación Superior? El término se refiere a una serie de procesos que permiten a las Universidades superar los estrechos límites de las regiones o países donde se instalan e incorporarse a un mundo global de relaciones e intercambios. En particular, eso incluye favorecer la movilidad de todos los recursos humanos del sistema educativo principalmente de alumnos y profesores; compartir la formación de personas de diferentes estados; crear redes de investigación conjuntas; propiciar titulaciones comparables con estructuras de estudios semejantes; facilitar el reconocimiento de títulos entre países; o admitir los sistemas de acceso a la Universidad de unos países en otros.
En este sentido el Espacio Europeo de Educación Superior establecido en la famosa Declaración de Bolonia en 1999 es un claro ejemplo de internacionalización de la Educación Superior porque nace precisamente para promover la convergencia entre los sistemas universitarios nacionales a fin de que las titulaciones tengan un reconocimiento académico y sirvan para desempeñar la actividad profesional en cualquiera de los países que han firmado el acuerdo (actualmente 46).
Uno de los aspectos básicos de la internacionalización es la movilidad de los estudiantes, aunque a veces las que se mueven son las propias universidades, creando campus en otros países o rompiendo las barreras geográficas a través de la enseñanza “on line”.






