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May

Haizam Amirah Fernández

Investigador principal para el Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, y profesor de Estudios Árabes y Relaciones Internacionales (IE School of Arts and Humanities)

 

Este artículo se publicó originalmente en la revista Culturas, no. 2 (monográfico sobre la juventud en el mundo árabe), septiembre 2008. El autor agradece a la Fundación Tres Culturas, con sede en Sevilla, la autorización para reproducirlo aquí.

 

Gran parte del interés que despiertan los jóvenes árabes entre los estudiosos y analistas occidentales viene dado por la percepción de dos amenazas que se asocian a ellos: el radicalismo religioso y la emigración ilegal. Esto suele eclipsar otras dinámicas sociales y políticas que afectan a amplios segmentos de las sociedades árabes. El auge de la religiosidad entre la juventud de la región es un hecho irrefutable, aunque esconde tras de sí dimensiones superpuestas en cuanto a sus orígenes y consecuencias que no siempre son fáciles de discernir. Con más del 60% de la población de Oriente Medio y el norte de África menor de 25 años, el fervor religioso de los jóvenes tiene implicaciones directas para el desarrollo de sus sociedades y las relaciones de éstas con el exterior.

La generación con mayor esperanza de vida en la historia de los árabes se encuentra, a día de hoy, atrapada en sistemas sociopolíticos que no ofrecen oportunidades suficientes de desarrollo personal ni demasiado optimismo de cara al futuro. Para muchos jóvenes, las opciones que ven ante sí son el desempleo o subempleo, la emigración hacia países desarrollados o la identificación con los movimientos religiosos que prometen mayor justicia social y buen gobierno. La excepción es la minoría de jóvenes que tienen acceso a los recursos, bien sean de las enormes rentas de los hidrocarburos en los países productores o por su posición privilegiada dentro de los sistemas clientelares. Incluso cuando la apatía es una realidad generalizada entre muchos jóvenes, ésta puede convertirse en activismo de distintos tipos si se dan las condiciones adecuadas.

 

Juventud e insatisfacción

Hablar de los jóvenes árabes es referirse a realidades muy diversas y formas distintas de ver la vida, algunas abiertamente enfrentadas entre sí, pero también es referirse a una sensación que se repite con demasiada frecuencia entre ellos: la insatisfacción, bien sea por motivos económicos, sociales, políticos o sexuales. Las expectativas y esperanzas de una proporción importante de los jóvenes árabes se ven truncadas por razones que les vienen impuestas por los sistemas sociales en los que viven.

La insatisfacción de los jóvenes árabes no debe extrañar a nadie, a la luz del diagnóstico de la región realizado en los Informes sobre Desarrollo Humano Árabe, que fueron elaborados por intelectuales árabes y publicados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) entre 2002 y 2005. En ellos se señalan los tres déficits que padece el mundo árabe (déficit de libertad, de protección de la mujer y de acceso al conocimiento). Es bien sabido que, sin libertad, la frustración de las personas aumenta, más si cabe entre los jóvenes. El Informe publicado en 2004, que llevaba por subtítulo Hacia la Libertad en el Mundo Árabe, ponía de manifiesto que "las libertades en los países árabes se ven amenazadas por dos tipos de poder: el de los regímenes no democráticos y el de la tradición y el tribalismo, a veces con la religión como excusa. Estos dos poderes […] han minado la fuerza y la capacidad de progreso del buen ciudadano".

La juventud árabe vive sometida a estructuras sociales que refuerzan la supresión de sus libertades con cada nueva etapa de su vida. La discriminación es la norma y se manifiesta de distintas formas. En mayor o menor medida, la persistente cultura del tribalismo genera discriminación en función de la fortuna, el acceso a los recursos y el poder que tiene cada uno. La autoridad suele estar en manos de grupos y familias poderosas, bien por ser numerosas o por estar fuertemente cohesionadas. En ese contexto, no es difícil convencer a jóvenes desilusionados y sin muchas esperanzas de que esas estructuras sociales son anti-islámicas, pues violan el principio fundamental de la igualdad de todos los musulmanes ante Dios y ante la Ley.

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