
No es raro que los tÃtulos de las traducciones españolas de las pelÃculas americanas tengan poco que ver con el original, y despisten sobre su contenido al incauto espectador. Pero también hay grandes aciertos en que el tÃtulo español da en el clavo. Por ejemplo, la famosa pelÃcula de John Ford Centauros del Desierto (The Searchers en su versión original). Incluir a los centauros es un acierto total de quien lo decidiera (tal vez fuera para la novela en que se basa, no lo sé). Y no sólo por lo de los hombres montados a caballo. Sino porque refleja el papel de los centauros, definitorio de una frontera que ha obsesionado siempre al hombre: civilización / barbarie, el estado de naturaleza y el estado de cultura.
El personaje que se enfrenta a los indios (John Wayne) es un hombre fronterizo, casi tan salvaje como sus enemigos, que tiene poco encaje en la sociedad civilizada que se va consolidando tras la Guerra de Secesión. Solitario, asocial, no apto para la vida social “normal”, es el único sin embargo que puede adentrarse en el campo indio para luchar con ellos. Exactamente ese papel tenÃa el héroe griego que se enfrenta a los centauros, Heracles. Los centauros representan en Grecia el hombre en estado de naturaleza, sin civilizar, con toda la potencia del salvajismo: viven en las montañas, luchan con ramas y piedras, tratan de violentar a las mujeres, comen carne cruda, poseen la sabidurÃa natural (medicina, caza). Los hombres, en oposición a ellos, viven en montañas, luchan (y triunfan) con las armas de la técnica (flechas, lanzas), canalizan su instinto sexual en la institución del matrimonio, cuecen la carne.




