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Sobre arte, crisis y educación

As published in Ibercampus [1].

Macarena Ventosa [2]

 

¿Cuál es el auténtico valor del arte?

 

¿Cifras o su poder para hacernos sentir y reflexionar sobre un mundo cada vez más rico y complejo en constante transformación?

 

Este tipo de pregunta no ha despertado interés en los titulares del mundo del arte en este comienzo de 2009. El tema de actualidad es la crisis y su repercusión en ferias, casas de subastas o museos.

 

– Con la inauguración de ARCO Madrid se habla de las cancelaciones de galerías, de 295 a 238 respecto al pasado año o la previsión del parón de inversión por parte de sus mayores compradores tradicionalmente: las instituciones públicas.

– La reciente subasta de Sotheby’s en Londres tenía expectativas de llegar a los 40 millones de libras y la realidad apenas pasó los 30. Aún así, un coleccionista privado asiático ha hecho alcanzar un nuevo record a Degas con la compra de la bailarina de bronce. También se ha hablado de modo general de obras que quedan sin vender, recortes de personal y agrupación de departamentos para generar menos costes.

– En cuanto al mundo de los museos, las noticias son recortes de presupuesto, reorganización e incluso el cierre del Rose Art Museum en Massachusetts con la venta de sus 6.000 obras de arte.

Si analizamos de cerca los argumentos que se utilizan aquí, vemos como participan del mismo lenguaje de cifras, beneficios y pérdidas, de la economía y de la prensa. Es común también haber sustituido el término “arte” por el de “industria de la cultura” con fenómenos como el boom del mercado del arte contemporáneo o las grandes colas para exposiciones, el caso más reciente “Picasso y los grandes maestros” en París. Nada más lejano que querer volver al arte para unos pocos, y gracias a esa industria que ha hecho que esté de moda, se han abierto también posibilidades para futuros jóvenes de poder compaginar una carrera vocacional y a la vez con múltiples salidas profesionales.

Sin embargo existe un término medio, no se puede perder de vista que no estamos hablando de bienes materiales y ventas sino de obras de arte y volver a la pregunta del comienzo: ¿Cuál es su valor?

Repasando las noticias, es curioso como el cierre del Rose Art Museum no ha tenido repercusión fuera de Estados Unidos. Se trata de un museo de arte que pertenece a la Universidad Brandais, cuyo patronato ha decidido vender la colección para afrontar los problemas económicos de la universidad. La fórmula de museo ligado a universidad es algo muy común allí y tiene sentido ya que al estudiar arte fuera de capitales importantes es esencial tener la oportunidad de ver obras de arte de cerca y no sólo en reproducción.

No ha sido noticia por no estar relacionado con nombres o cifras espectaculares. Para alcanzar temas de fondo que afectan directamente a la educación o la cultura:

¿Qué estudiante querrá matricularse a esa universidad sabiendo que valora el arte como un bien material?

¿Qué ocurrirá con otros públicos de la comunidad como escolares o población local que aprenden y disfrutan junto a esas 6.000 obras?

La crisis afecta aquí y de lleno a una población, y más aún a los estudiantes que representan el futuro. No nos engañemos, en una sociedad en muchos casos superficial y rápida, es necesario plantearse la enseñanza de las humanidades como algo determinante a largo plazo y no como beneficios o pérdidas a corto plazo.

Sin las oportunidades que ofrecen las universidades o los museos a todo tipo de públicos de acercarse al arte y a la cultura de un modo reflexivo y no tan sólo como consumidores de un espectáculo, nuestra formación ética no será la misma.