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Atenas y Jerusalén: algunas precisiones (II)

Written on August 12, 2008 by Felicia Appenteng in Arts & Cultures & Societies, Philosophy

Miguel Herrero de Jáuregui

Publicado en Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, Nº 117, mayo-junio 2008, pags. 91-101

Dogmática y platonismo

Platón es grande por muchos motivos, pero uno de ellos es su influjo inmenso en todo el pensamiento antiguo. Platón define la terminología y las grandes cuestiones filosóficas para varios siglos. No sólo entre sus seguidores, ni siquiera sólo entre los filósofos, sino que toda la vida intelectual y espiritual de la Antigüedad queda marcada por su impronta, aun en versiones muy vulgarizadas. La distinción de cuerpo y alma, por ejemplo, es omnipresente en el mundo helenizado a partir del siglo III a. C. y lo que antes de Platón era una antropología de movimientos elitistas y marginales (orfismo, pitagorismo) se universaliza y se extiende a todos los niveles. También el cristianismo se desarrolla en este ambiente de platonismo vulgarizado y se impregna de él, como le sucediera dos siglos antes al judaísmo helenístico. Por seguir con el mismo ejemplo, la antropología judía era tradicionalmente unitaria, y no dividía al hombre en cuerpo y alma. Es debatible el grado de helenización del ambiente en que se produce la predicación de Jesús. Se discute, por ejemplo, si en la frase evangélica "¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su psyche?" (Mt. 16,26) la última palabra se debe traducir por "alma" o por "vida". Pero sea cual fuere el sentido de la frase aramea, el dualismo antropológico de raíz griega ya es sin duda alguna central en las Cartas de San Pablo y ha impregnado la tradición cristiana desde entonces.

Más aún, el cristianismo no sólo se impregnó de nociones platónicas popularizadas, sino que, en un nivel mucho más específico, formuló su sistema teológico tomando categorías filosóficas de la escuela que más se adaptaba a sus planteamientos, a saber, el platonismo. En época imperial hay dos grandes tendencias teológicas: el estoicismo, que tiende a una concepción inmanente de la divinidad inseparable del cosmos, cuya formulación extrema es el panteísmo; y el platonismo, cuya idea de la divinidad es trascendente y diferente del universo, entendido como su creación pero independiente de él. Desde el relato del Génesis en adelante, la tradición bíblica se adecuaba mucho mejor a la segunda opción y lógicamente el cristianismo se sirvió de categorías platónicas para desarrollar y afinar todos sus conceptos teológicos, como la célebre homousia que en Nicea vino a definir la consustancialidad del Padre y el Hijo. Justino, Clemente de Alejandría, Orígenes y los Padres Capadocios, como Agustín en el ámbito latino, son las figuras señeras de este proceso de formulación teológica que culmina en los concilios del siglo IV. No en vano era Platón a quien los apologistas salvaban como el que dentro del paganismo había intuido la verdad revelada.

Ética y estoicismo

    Si en la metafísica el entronque con el mundo griego es sobre todo a través del platonismo, en el campo de la ética es la Estoa la que proporciona la terminología y nociones básicas. La razón es clara. En la primera generación de cristianos la ética podía reducirse al principio general del amor fraterno, predicado por Jesús y en pasajes memorables de las cartas paulinas. La esperanza generalizada en una Segunda Venida que no tardaría en llegar hacía superfluo el desarrollo de reglas más específicas. Pero cuando el retraso de la Parusía cala en las conciencias, la necesidad de una moral cívica en la que el principio del amor universal se plasme en el comportamiento del ciudadano dentro de su comunidad se hace acuciante. Las Cartas Pastorales, algo posteriores a las paulinas, ya apuntan a esa institucionalización de la moral. Y también para categorizar su preocupación ética los cristianos encontraron en la filosofía griega el campo abonado donde sembrar la simiente evangélica. El estoicismo había desarrollado una notable teoría ética a partir de postulados aristotélicos que centraba en la virtud, el deber, la independencia de los bienes materiales, y la obediencia a la propia naturaleza los principios del comportamiento humano. Tales teorías habían arraigado especialmente en ámbito romano, donde se vieron como herederas de la antigua virtud y sobriedad de la República idealizada por la historiografía augústea. Los cristianos adoptaron la terminología ética y no pocas reglas de comportamiento ciudadano defendidas por los estoicos, aunque las conjugaron con una perspectiva religiosa muy diferente. Cuando los siglos posteriores inventaron una correspondencia apócrifa entre San Pablo y Séneca, es claro que tomaban su impulso en la similitud de consejos para la vida práctica entre ciertas epístolas del Nuevo Testamento y las del filósofo cordobés.

Piedad helenística

Si en la teología y la ética los cristianos encontraron sus correspondientes más cercanos en la filosofía, en la práctica religiosa el ámbito más próximo era el de los cultos griegos. Es evidente que muchos ritos cristianos surgen del ámbito de la religiosidad helenística en que el cristianismo se desarrolla: la purificación con agua, la unción con aceite, las plegarias hímnicas, y muchos otros gestos rituales pueden encontrarse en variantes parecidas en otras religiones del entorno. Ninguna religión inventa ritos ex novo, porque éstos deben ser comprensibles para quienes participan y reflejar su sentir. Y la similitud de la práctica ritual corresponde una relación con lo divino que encuentra paralelos en otros cultos de divinidades helenísticas. Como se ha repetido hasta la saciedad, la iconografía de la Virgen con el Niño encuentra su claro precedente en Isis y otras diosas mediterráneas, y el culto de muchos santos entronca con el de antiguas divinidades paganas.

La diferencia capital que distingue al cristianismo de los demás cultos de su entorno es precisamente su entronque con la filosofía. Los gestos rituales son parecidos, pero el cristianismo lleva mucho más allá su elaboración teológica. Los cultos mistéricos no tenían el interés de los cristianos en formar un sistema dogmático coherente, por lo que se les llama cultos, más que religiones (cf. Walter Burkert, Ancient Mystery Cults, Cambridge Mass, 1987 = Cultos mistéricos antiguos, Madrid, Trotta 2005). Nótese además, a diferencia del cristianismo, la falta de un abstracto –ismo que les de una categoría de abstracción general (los títulos "dionisismo", "orfismo", "mitraísmo" son creaciones de los estudiosos modernos, que no aparecen en las fuentes antiguas). Y por esta falta de entronque con la filosofía no hay en el mitraísmo o el culto de Isis o Dioniso, por ejemplo, un sistema sacramental, es decir, una teología de los ritos que los transforme en liturgia.

To be continued…

Ética y estoicismo

    Si en la metafísica el entronque con el mundo griego es sobre todo a través del platonismo, en el campo de la ética es la Estoa la que proporciona la terminología y nociones básicas. La razón es clara. En la primera generación de cristianos la ética podía reducirse al principio general del amor fraterno, predicado por Jesús y en pasajes memorables de las cartas paulinas. La esperanza generalizada en una Segunda Venida que no tardaría en llegar hacía superfluo el desarrollo de reglas más específicas. Pero cuando el retraso de la Parusía cala en las conciencias, la necesidad de una moral cívica en la que el principio del amor universal se plasme en el comportamiento del ciudadano dentro de su comunidad se hace acuciante. Las Cartas Pastorales, algo posteriores a las paulinas, ya apuntan a esa institucionalización de la moral. Y también para categorizar su preocupación ética los cristianos encontraron en la filosofía griega el campo abonado donde sembrar la simiente evangélica. El estoicismo había desarrollado una notable teoría ética a partir de postulados aristotélicos que centraba en la virtud, el deber, la independencia de los bienes materiales, y la obediencia a la propia naturaleza los principios del comportamiento humano. Tales teorías habían arraigado especialmente en ámbito romano, donde se vieron como herederas de la antigua virtud y sobriedad de la República idealizada por la historiografía augústea. Los cristianos adoptaron la terminología ética y no pocas reglas de comportamiento ciudadano defendidas por los estoicos, aunque las conjugaron con una perspectiva religiosa muy diferente. Cuando los siglos posteriores inventaron una correspondencia apócrifa entre San Pablo y Séneca, es claro que tomaban su impulso en la similitud de consejos para la vida práctica entre ciertas epístolas del Nuevo Testamento y las del filósofo cordobés.

Piedad helenística

Si en la teología y la ética los cristianos encontraron sus correspondientes más cercanos en la filosofía, en la práctica religiosa el ámbito más próximo era el de los cultos griegos. Es evidente que muchos ritos cristianos surgen del ámbito de la religiosidad helenística en que el cristianismo se desarrolla: la purificación con agua, la unción con aceite, las plegarias hímnicas, y muchos otros gestos rituales pueden encontrarse en variantes parecidas en otras religiones del entorno. Ninguna religión inventa ritos ex novo, porque éstos deben ser comprensibles para quienes participan y reflejar su sentir. Y la similitud de la práctica ritual corresponde una relación con lo divino que encuentra paralelos en otros cultos de divinidades helenísticas. Como se ha repetido hasta la saciedad, la iconografía de la Virgen con el Niño encuentra su claro precedente en Isis y otras diosas mediterráneas, y el culto de muchos santos entronca con el de antiguas divinidades paganas.

La diferencia capital que distingue al cristianismo de los demás cultos de su entorno es precisamente su entronque con la filosofía. Los gestos rituales son parecidos, pero el cristianismo lleva mucho más allá su elaboración teológica. Los cultos mistéricos no tenían el interés de los cristianos en formar un sistema dogmático coherente, por lo que se les llama cultos, más que religiones (cf. Walter Burkert, Ancient Mystery Cults, Cambridge Mass, 1987 = Cultos mistéricos antiguos, Madrid, Trotta 2005). Nótese además, a diferencia del cristianismo, la falta de un abstracto –ismo que les de una categoría de abstracción general (los títulos "dionisismo", "orfismo", "mitraísmo" son creaciones de los estudiosos modernos, que no aparecen en las fuentes antiguas). Y por esta falta de entronque con la filosofía no hay en el mitraísmo o el culto de Isis o Dioniso, por ejemplo, un sistema sacramental, es decir, una teología de los ritos que los transforme en liturgia.

To be continued…

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