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Jul

En verano, a la sombra

Written on July 1, 2008 by Administrador de IE Blogs in Arts & Cultures & Societies, Philosophy

Miguel Herrero de Jáuregui

Verano Uno de los cambios que separan el último siglo de todos los anteriores es que las estaciones han perdido su importancia como reloj vital. Gracias a la luz eléctrica, el aire acondicionado y la calefacción, las vacaciones repartidas en puentes varios, la desacralización de las fiestas, el abandono del campo, la facilidad de viajar al otro hemisferio, los invernaderos, y demás avances, las estaciones han dejado de ser los momentos clave que marcan las pautas de la acción humana. Aún quedan, claro es, muchos restos de los antiguos ritmos: mundos tan dispares como la vida académica y la temporada de fútbol acaban en junio y empiezan en septiembre. Y por cierto, buena será esta comparación para desmontar el tópico de que los académicos no dan golpe con sus privilegiadas vacaciones escolares: es precisamente en estos meses cuando más trabajan, y cuando sientan las bases de proyectos a largo plazo que el trajín diario de las clases (como de los partidos dominicales) no permite hacer durante el año.

Pero como es probable que las estaciones sigan perdiendo su importancia, y como tal vez el cambio climático les dé el golpe de gracia y suene a ironía aquello de “orad por veranos húmedos e inviernos apacibles”, más vale deleitarse en lo que queda de ellas. A saber, en las fiestas locales aun en pueblos donde ya no se cosecha hace tiempo; en las frutas de temporada, con el éxtasis final de los higos en septiembre; en el gazpacho (por cierto que el otro día mi prima Mariajo invitó a una variante con sandía en vez de tomate que estaba buenísima, y a la que rindo aquí homenaje público); en la irregularidad de las rutinas (por ejemplo, el post semanal en ST); en las lecturas veraniegas, a ser posible novelas de las no obligatorias: nada de aprovechar las vacaciones para quitarse de encima a Dostoievski, hombre, lea Vd. las que recomendaba Rolf el otro día, o las de P. G. Wodehouse, Nancy Mitford y Evelyn Waugh, que refrescan más que un Pimm’s.

Hace calor, sí. Insoportable, a veces. Pero si piensa uno que “es la hora en que los ganados buscan las sombras y la frescura, en que los verdes lagartos se esconden bajo las cambroneras, y en que maja Testilis ajos y sérpol, yerbas olorosas, para los segadores fatigados por el ardiente estío, y yo entre tanto voy buscando tus pisadas por entre los arbustos que bajo un sol abrasador resuenan con el canto de las roncas cigarras”; entonces se aguanta mejor y hasta gusta ver cómo el sol abrasa el asfalto a las 3 de la tarde en Madrid. Gusta sobre todo, admitámoslo, desde la sombra de la terracita con una caña delante: pero Virgilio, además, le da un aire a la vez nostálgico de algo que fue y ya no es, y grave de lo que siempre será. Eso es lo que hace la poesía, que todo lo puede convertir en motivo de canto y de belleza. Pues no sé si en el Infierno hace más calor que en Madrid en julio, pero seguro que leyendo las descripciones de Dante y Milton uno lo encuentra incluso fresquito.

Comments

Jaime Olmedo July 1, 2008 - 9:58 pm

Querido Miguel:
La referencia en tu post al período natural del año académico me ha hecho recordar la oda de Fray Luis de León al licenciado Juan de Grial en que describe la vuelta a las aulas tras el estío. El acortamiento de los días, la luz mortecina de los campos, las nubes recién llegadas y la sementera de la nueva estación “nos convida / a los estudios nobles”. Sin embargo, los cursos de verano o de vacaciones han venido a prolongar también en ese ámbito el tic-tac del reloj natural que menciona Miguel. Desde 1912, el Centro de Estudios Históricos en Madrid; desde 1927, la Universidad de Zaragoza en Jaca o los cursos de Santander, celebrados de forma reglada en ese mismo año, aunque desde 1900 a 1925 llegaba a la ciudad cántabra un grupo de estudiantes ingleses a cargo del hispanista Mr. E. Allison Peers, o un año más tarde (1928) la Universidad de la capital, prolongaron los estudios más allá de la primavera (primer verano).
Es interesante reparar en que Fray Luis, encarcelado entre 1572 y 1576 tras un tormentoso proceso, añora ese momento cuando no puede sumarse a él, cuando se encuentra “de un torbellino / traidor acometido y derrocado / del medio del camino / al hondo, el plectro amado / y del vuelo las alas he quebrado.”
Un saludo muy cordial

Miguel Herrero July 2, 2008 - 7:08 pm

Gracias, Jaime, me alegra leerte por aquí, con la enjundia a la que nos tienes acostumbrados. Es verdad, los cursos de verano son ya parte del paraje vacacional, y algunos de muy alto nivel. En el caso de La Magdalena en Santander, además en un lugar regio, muy recomendable siempre. Y ya que citas a Fray Luis, despidamos el curso a su modo:
Un muy feliz verano
el blog a sus lectores les desea:
que un viaje al mar lejano
o una apacible aldea
les inspire y refresque cada idea

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