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Lo Apolíneo y Lo Dionisíaco I

Written on April 2, 2008 by Julián Montaño in Arts & Cultures & Societies, Philosophy

Julián Montaño

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Uno de los fenómenos sociológicos contemporáneos más fascinantes es el aumento de la participación. Toma parte de, votar, opinar, poder hacer oír tu voz en foros, que tu opinión se tenga en cuenta a través de votaciones en internet o a través de SMS, poder elegir tu producto y participar en el diseño. Se acorta la distancia entre lo que decidimos y lo que vivimos o experimentamos, cada vez más una mayor parte de nuestra vida está pegado a o es fruto de nuestras decisiones. El ideal ilustrado de autonomía –yo vivo o padezco aquello que yo decido- parece que se realiza en la nuestra época, la época postmoderna, de modo pleno. Es verdad que en formato de calderilla –una votación SMS para Eurovisión no es el ideal de decisión libre de prejuicios y autónoma que tenían los Ilustrados y los padres fundadores de la Constitución americana en la cabeza- pero se realiza en verdad, mi menú en el McDonald’s lo he confeccionado yo a mi gusto, es una decisión mía, no dependo del mercado, de la estación, de lo que haya disponible en el ultramarinos. Pero también tomamos parte, participamos, a un nivel más profundo, más ciego pero más intenso. El hombre de hoy está imbuido, metido, inmerso en un mar de imágenes, música, banners, click-trough, mensajes, guiños, música, experiencias de los sentidos como nunca se había conocido. Consumimos por los sentidos, los alimentamos como nunca, nunca se han tenido tantas experiencias tan variadas en tan poco tiempo. El consciente, el yo consciente que las ordena pasa resbaladizo por todas estas experiencias. Pocas permanecen en la memoria, pocas cuajan tanto como para modelar nuestro ser como antaño hacía cualquier nueva vivencia. Lo nuevo es lo cotidiano, la impresión de lo diferente, de lo heterogéneo, de lo último, de aquello que es una novedad y por lo tanto no responde a un patrón anterior es ya la manera normal de vivir. Vivir sin experiencias nuevas: viajes, música, imágenes, gente, experiencias es no vivir, es una manera vicaria, sucedánea, mala, de vivir. Y todo esto está servido en un torbellino de experiencias donde el análisis, el pararse y analizar lo que estamos viviendo, pararse a disfrutarlo –como antiguamente uno se paraba a gozar de la fragancia de un jardín, de la bella luz de una nueva estación- está de más, no se da, no tiene lugar, la velocidad es parte de la experiencia. Vivimos una época, pues, donde los dionisíaco se impone a lo apolíneo. ¿Y qué es lo dionisíaco? ¿qué lo apolíneo? Vean mi próximo post y tendrán la respuesta.

Comments

Diogenes April 9, 2008 - 3:38 am

De nuevo el recuerdo de la memoria. Estamos de nuevo discutiendo el tiempo, y las sensaciones. Realmente creo que es el tiempo lo que discutimos. Posiblemente vivamos una aceleración del cambio que ha propiciado el cambio de la tecnología, la información instantánea, y el conocimiento mucho más generalizado.
Pero no estoy seguro, y me gustaría discutirlo. Si un instante de fragancia, al pasar por un jardín, detuvo a alguien alguna
vez más tiempo antes que ahora. O es la memoria selectiva y apretada, la que nos devuelve la intemporalidad del instante,
adaptada a lo que queramos, a la invención de nuestro propio recuerdo. O simplemente, le demos la dimensión larga y fue solo un suspiro al pasar. Y tampoco sé si las generaciones antiguas se detuvieron frente a los aromas de boj, el poleo o la lavanda. O pasaron a su lado con satisfacción, con cierto regocijo, y tuvieron poco tiempo para disfrutar y objetivizar la extrañeza de la tierra mojada, o los brotes insatisfechos.
Posiblemente las felices clases desocupadas, reflexivas, y estudiosas recuerdan los aromas intangibles y
el resto de la humanidad hemos vivido conciertos fugaces, que adaptamos a todo el tiempo de nuestro recuerdo.

Julián Montaño April 10, 2008 - 3:44 am

Querido Diógenes,
Realmente creo que tienes razón. Estamos viviendo un cambio en la temporalidad, en el modo y la manera en que se está viviendo el tiempo. Ahora el tiempo se consume más deprisa, de hecho compramos tiempo (compramos ocio). El tiempo se ha vuelto un bien escaso y cotiza al alza. Antiguamente el tiempo era algo de lo que se disponía, se gastaba, se empleaba -bien distribuido entre el momento sacro y el tiempo o momento de las cosas sagradas- cualitativamente. Ahora tenemos una dimensión cuantitativa del tiempo, como una commodity dispuesta a ser consumida a manos llenas, explotada. La conciencia por eso corre más deprisa, las experiencias se acumulan mas rápido, la vida es más intensa -lo que no quiere decir que sea cualitativamente mejor, simplemente se viven más cosas en menos tiempo. Gracias por tu comment.

rabaty August 31, 2013 - 5:41 pm

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I saw this really good post today….

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