8
Apr

Ek-stasis: ¿cómo representar la otredad?

Written on April 8, 2008 by Administrador de IE Blogs in Arts & Cultures & Societies

Miguel Herrero de Jáuregui

Bernini_beata_ludovica Una de las ideas de los griegos que sigue valiendo hoy en cualquier lugar y circunstancia es que si uno va con los ojos bien abiertos encuentra por doquier motivos de asombro, que animan el espíritu y la mente (y a un blogger de ST le dan tema para la semana siguiente). No en vano la palabra "teoría" proviene del verbo“contemplar” (theaomai, ligado con thauma, “asombro”). Y si hay un lugar hoy en que esta contemplación y asombro permanente ante el mundo se dan especialmente, es Roma, la Ciudad en la que cada esquina y cada ladrillo tiene contenido singular. El otro día paseaba por el Trastevere y vi por vez primera, entrando por casualidad en una iglesuca poco aparente, San Francesco a Ripa, una escultura de Bernini, la Beata Ludovica Albertoni (detalle en la imagen), menos conocida que la Santa Teresa, pero tanto o más expresiva de cómo se concibe en el Barroco un éxtasis místico. Y eso me trajo a la mente un tema que tenía pendiente desde un comentario de Medici a un post sobre la pintura de Guido Reni, que decía “en un éxtasis en volandas no hay posibilidad de análisis ni de referencia”. Sigamos por ahí.

¿Qué es el éxtasis? Viene del griego ek-stasis, “salir fuera de sí”, es decir, la experiencia de estar en otra dimensión de espacio y tiempo distintas de la cotidiana. Es la experiencia física de la “otredad” (pese a la fealdad de la palabra, está en el DRAE, lo acabo de comprobar online). Por eso está tan ligado el éxtasis al ámbito religioso. Si es puramente subjetiva la experiencia extática de muchos místicos griegos, cristianos, musulmanes, hindúes, judíos, persas, etc. o si responde a alguna realidad objetiva, depende de las ideas de cada cual sobre lo divino. Pero no sería sensato decir que la experiencia extática es una superchería consciente, un engaño a los demás, en todos los casos, ni siquiera en la mayoría. Ahora bien, si el éxtasis experimenta la otredad, ¿cómo describirlo, y cómo representarlo?

En la Beata Ludovica o en la Santa Teresa la imaginería sexual que usa Bernini para describir el éxtasis es evidente. En los textos de San Juan de la Cruz o Santa Teresa las imágenes que recuerdan el éxtasis sexual son también muy perceptibles, y muy aprovechables por tanto para chistosos superficiales u oportunistas. Pero recordemos que un éxtasis se produce precisamente al transportarse a un mundo absolutamente ajeno al propio; y a la vez, que para representar algo que sea totalmente otro, o simplemente algo nuevo, se utilizan siempre categorías propias ya conocidas (por poner un ejemplo trivial, toda la estética del avión, con sus tripulación y su rumbo, está modelada sobre la del barco, que era el modelo conocido cuando aparece lo nuevo). Así pues, para representar algo ajeno a la experiencia habitual (en el caso del místico la unión con Dios), se requiere una imagen que sea al tiempo extraña y al tiempo familiar: ¿qué más lejano de la vida cotidiana de una monja que el éxtasis sexual, una experiencia que, por otro lado, es universalmente conocida? Era casi inevitable que el misticismo se apropiara de las imágenes sexuales para expresar la otredad del acontecimiento y al mismo tiempo poder hacer entendible lo inefable.

            Precisamente cuando, tal vez por puritanismo del artista o de su patrón, se quieren evitar connotaciones sexuales, con frecuencia resultan arrobos poco creíbles. La simple imagen de la ascensión al cielo no convence hoy, ni en el Barroco tampoco, como representación de la experiencia extática, porque no tenemos, como decía Medici, referencias propias de cómo se sube en volandas. La ascensión puede valer como imagen literaria para expresar otredad (de ahí los textos que inspiran los cuadros), pero no es convincente como imagen plástica.

El mismo principio vale para otras formas de representar el éxtasis en otros contextos: algunas culturas que viven en mayor cercanía con la naturaleza creen en la transformación del hombre extático en animal: pero la distancia de los animales en nuestra cultura urbana nos hace difícil imaginarlo así. En cambio, en otra gran cultura urbana, Grecia, el éxtasis por antonomasia era el báquico, y el arte está lleno hasta hoy de los dos motivos fundamentales de Dioniso, que sí nos resultan creíbles porque, precisamente, son imaginables aunque ajenos: las mujeres desenfrenadas (ménades, bacantes) y la borrachera causada por el vino puro, contrastaban con la normalidad de la mujer relegada a la vida privada, y del vino mezclado con agua (así se bebía habitualmente, porque era mucho más fuerte, denso y peleón que el nuestro). Hoy, curiosamente, una vez que el sexo parece haber perdido la otredad que tenía en la Contrarreforma barroca, hay nuevas formas de experimentar y representar el éxtasis: entre ellas, las drogas y el baile desenfrenado. No me digas, Julián, que para tu post de mañana no te pongo en bandeja una explicación del neo-dionisismo actual.

Comments

Moreto April 8, 2008 - 5:22 pm

Interesante idea en la que cabría profundizar mucho más. Es curioso cómo el uso de analogías entre el terreno amoroso humano y el divido aparece ya en la Edad Media, pero en sentido inverso: se utilizaban referencias religiosas para explicar el amor humano (la donna angelicata y muchos tópicos del amor cortés, por ejemplo) y ya en el XIX se utilizaba el éxtasis místico como metáfora del sexual, aprovechando toda la literatura sobre la otredad (el “vivo sin vivir en mí”). El elemento común entre ambos éxtasis lo veo relacionado con la alienación, la disolución en el otro, la aniquilación en definitiva que parece ser que ambos conllevan. Lo más real que el hombre se puede acercar a la muerte de la conciencia.

Miguel Herrero April 8, 2008 - 6:39 pm

Gracias, Moreto. Recojo dos puntos de su atinado comentario para seguir profundizando (al menos físicamente, porque los comentarios obligan bajar con el ratón):
– La analogía inversa, describir el amor en términos místicos: exacto, en el momento en que se quiere ir más allá de la experiencia física del amor al plano existencial al que transporta, la referencia más inmediata para concebirlo es la religiosa, con ejemplos como los que Vd. apunta (o aquello becqueriano de “pero mudo, absorto y de rodillas / como se adora a un dios ante su altar / como yo te he querido desengáñate / nadie te querrá”). Por lo mismo por lo que si se quiere expresar otro tema, como la pérdida de la conciencia, se acude a una experiencia física inmediata como la ebriedad: “ebrio de amor”.
– El vínculo con la muerte: exacto también, la muerte es la otredad por antonomasia, y refleja como nada el traslado a otro plano al que puede transportar el amor: no en vano Eros y Thanatos son dioses inmortales. El triángulo amor-muerte-eternidad, es un tema fijo de la poesía de todos los tiempos, desde el Cantar de los Cantares a Leopardi o Luis Cernuda. Aunque esté gastado de tanto usarlo, nada lo ha dicho más claro que Quevedo: “serán ceniza, más tendrán sentido / polvo serán, más polvo enamorado”.

Medici April 9, 2008 - 3:20 am

Sobre el Ek-stasis, las ocupaciones que embargan las letras, que las distribuyen y que vuelven vivas las polémicas, me impiden a veces leer y casi siempre contestar. Pero hoy, la cita de lejos que el Ek-stasis de Miguel Herrero supone, me hace volver a decir algo.
La verdad que el post es un prodigio como suelen serlo en ese ST de lujo. Pero claro, quiero volver a los orígenes de la polémica. Y es la representación del éxtasis en la pintura, o en la iconografía, sin apuntes sexuales porque lógicamente eso es más fácil. Estoy hablando de éxtasis, en dónde pasa el tiempo con lentitud arrobada, en dónde las miradas miran a un altivo infinito, con ignorancia que se abre. Y en dónde los labios hablan de saliva muerta, y el cuerpo no tuvo infancia y yace sin futuro, mientras se eleva hacia la claridad ciega o hacia la luz negada.
Siempre me parece que el pincel, cuando delimita el éxtasis, encuentra los pobres rincones del espacio, la brocha es un lengüetazo anciano, y el aire está desnudo de caminos, inerte, en dónde las gaviotas están castradas, y el azul recorre las bóvedas de la nada.
Si hablamos de éxtasis con contenido sexual, es claro que estamos hablando de éxtasis. El dedo en el santo pecho, los labios húmedos de piedra, la evanescencia en un solo punto, la sedosa deflagración, la mirada en el viento, y la impaciencia en los colores.
El éxtasis está claro que despliega la noche, y hace inútil a la esperanza, y alumbra la inteligencia del que lo relata, mientras se camina por Roma o se reconoce el ojo.

Miguel Herrero April 9, 2008 - 4:37 am

Gracias, Medici, por recoger el guante, y por los elogios. Su post me trae a la mente que hay otro campo, aparte del amor, del sexo y de la muerte, donde se puede “salir fuera de sí” y concebir la otredad a partir de una experiencia descriptible: el sueño. Las imágenes oníricas de Medici para hablar de la pintura del éxtasis entroncan con la tradición de expresar lo inefable a través de visiones, o de sueños, en las que las leyes de la naturaleza no imperan. Las visiones de algunos místicos, antiguos (Elio Arístides, Corpus Hermeticum) y medievales (Hildegarda de Binden), recuerdan a los cuadros del Bosco, o surrealistas, en los que las “gaviotas castradas” valdrían como imagen pictórica y literaria para representar otro mundo, otro plano existencial. Sólo el que está “fuera de sí” consigue ver estas imágenes, o representarse contradicciones como “claridad ciega”, y, quizá, pintarlas.

rabaty August 31, 2013 - 3:37 pm

Check this out…

Here are some of the sites we recommend for our visitors…

Leave a Comment

*

We use both our own and third-party cookies to enhance our services and to offer you the content that most suits your preferences by analysing your browsing habits. Your continued use of the site means that you accept these cookies. You may change your settings and obtain more information here. Accept