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Mar

Potomac

Written on March 3, 2008 by Arantza de Areilza in Arts & Cultures & Societies, Philosophy

Arantza de Areilza

Cherry_bloosom La mañana amanecía soleada a orillas del río Potomac. Hace unos días los cerezos habían florecido formando túneles de pequeñas flores blancas y rosáceas de reflejo tan luminoso que parecían nieve. Sus pétalos delicados se desprendían al más mínimo soplo de brisa formando alfombras de terciopelo inmaculado de bienvenida primaveral.Los turistas japoneses se agolpaban en las orillas del lago del monumento Jefferson, rodeado de cerezos, para fotografiar el primer brote conocido como "Cherry Blossom".

Su perfume intenso y dulce penetraba en despachos, coches, aulas, museos, galerías y casas, envolviendo Washington en el enigma de su fórmula. Los territorios del Potomac adquirían, de pronto, la sabia lentitud del Sur.

En los parques, las ardillas permanecían quietas mientras abrian y cerraban sus pequeñas mándibulas a gran velocidad saboreando el aire convertido en néctar. Los estudiantes, pálidos, se zambullían en los mares de hierba mullida cuyo verdor contrastaba con las corrientes azuladas del inmenso río de sonoridad india.

Al mediodía, se formaban grandes colas frente a las tiendas de comida para llevar. Los clientes, ejecutivos de las instituciones gubernamentales, de los organismos internacionales, de los bufetes, consultorías y lobbys, abandonaban el asfalto de las calles, y la luz artificial ,para refugiarse bajo el halo solar de los parques de cerezos en un impulso atávico de vuelta a la naturaleza. Las corbatas y los zapatos de tacón se convertían en prendas superfluas en ese acto de rebeldía que escondía un anhelo de libertad caduca.

Sesenta minutos más tarde, Pierre L’Enfant, el arquitecto y urbanista que concibió Washington, contemplaba desde su pedestal, su obra en calma, agradecido a la sincronía de la vida moderna. Ese mismo tic tac  vaciaba la ciudad a las cinco de la tarde dejando paso al murmullo del diálogo de la Historia, esculpida en las avenidas monumentales de la pequeña capital, cabeza de distrito, de una nación de Estados.

Moon_over_dc Poco a poco, las orillas del Potomac se hundian en el silencio intransitado de la noche, y las flores de cerezo comenzaban a brillar bajo la luna alta, como un manto lorquiano de plata que abriga la noche.

Comments

TonY March 4, 2008 - 3:03 am

Cuanta sabiduría trajeron los franceses; desde la estatua de la libertad a calles en Washington, pasando por La Fayette y su espíritu de libertad o la haute couture.

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