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Cosas que son Ejemplo de Sí Mismas I

Written on December 19, 2007 by Julián Montaño in Philosophy

Julián Montaño

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Hay cosas que son ejemplo de sí mismas. Si escribo la expresión “esta frase es un ejemplo de frase en un blog” o la palabra “palabra”, esta expresión y este término son ejemplos de sí mismos, son un signo de ellos mismos, a la realidad a la que hacen referencia es a ellos mismos. Hay ejemplos buenos al respecto. Los más ingeniosos son del tipo “esta frase que Vd. lee…” que son del tipo con el que les gusta jugar a los lógicos. Pero hay ejemplos de “ejemplos de sí mismos” que son gloriosamente buenos. En un examen de ingreso a una encopetada universidad británica pusieron como prueba de entrada escribir un breve ensayo. “¿Qué es el coraje?” era la pregunta sobre la que los futuros estudiantes tenían que escribir su ensayo y demostrar que tenían suficiente madurez intelectual para responder a preguntas tan genéricas en frío como para ingresar en tan alta institución. Pues bien “¿Qué es el coraje?” leyó uno, y escribió sóla y exclusivamente como “ensayo”: “Esto es coraje” y entregó así el examen. Huelga decir que obtuvo su A+, con Honores y el puesto nº 1 de la lista. No me digan que no es bueno este ejemplo de “ejemplo de sí mismo”.

Hay un curioso tipo de “ejemplo” que llama la atención: la “muestra”. “Deme Vd. una muestra de su sangre”. Y el médico extrae del brazo un poco de nuestra sangre, de donde extraerá las propiedades de toda mi sangre a partir de esta muestra. Si voy al sastre y encargo un traje de lana azul el sastre coge un pequeño libro donde vienen encuadernados trozos de tela puestos en orden. Estos trozos de tela son “ejemplos de ellos mismos”. Para ver el tejido de lana azul del que en concreto me voy a hacer el terno no miro más allá de la muestra. Examino la muestra y de ahí extraigo las propiedades que tendrá todo el género de la que la muestra es una “muestra de”, un ejemplo. La muestra es ella misma un ejemplo de…sí misma, ella misma tiene las propiedades que indica. La diferencia entre una buena fotografía del último tejido de Loro Piana y una muestra del último tejido de Loro Piana en el catálogo de un sastre, es que este último signo posee las propiedades que él mismo describe como “muestra” en el catálogo, ejemplifica lo que él mismo es.

Eso mismo pasa con las obras de arte. Las obras de arte son ejemplos de muchas cosas. Un desnudo de Lucian Freud es un ejemplo de desnudo, un ejemplo de cuadro, un ejemplo de pintura realista contemporánea, un ejemplo de la Escuela de Londres, un ejemplo de X, donde X indica un montón de cosas. Ahora bien cuando disfruto de “Retrato desnudo con reflejo”, me fijo no en que es un cuadro, no en que es un ejemplo de la Escuela de Londres. Me fijo en las carnes flácidas, en la morbidez inquietante del cuerpo yerto en el sofá. Me fijo en el contraste entre el sofá mullido pero viejo donde yace la mujer desnuda y su carne aparentemente fría pero viva. Me fijo en los pasos de alguien que está detrás del sofá, dos pies que caminan, ¿hacia la mujer? ¿desde la mujer a otra parte? Me fijo en los colores fríos y distantes, nada que haga apetecible lo que en otra ocasión –una mujer desnuda en un sofá- puede ser excitante. Cuando hacemos un juicio estético (no de Historia del Arte, no acerca de la historia de un cuadro sino cuando disfrutamos y decimos “qué bueno, me gusta” o “Puag, vaya bazofia”) lo que tengo que mirar es el cuadro. Cuando leo una novela y sé (emito un juicio) que es buena, lo que he hecho es leerme la novela. He actuado como el que mira una muestra en el sastre. La muestra es algo que es un ejemplo de sí mismo, no tengo que ir a nada fuera de la propia muestra para saber cómo es el género del que me voy a hacer el traje. Me basta examinar la muestra, cogerla, tocarla, verla a la luz de la ventana. Lo que hace diferentes a la obras de arte del resto de objetos es que las obras de arte, como obras de arte, no son ejemplo de otra cosa, signo de otra cosa, sino de ellas mismas. Para ver si me gusta el Stabat Mater de Pergolesi lo que tengo que hacer es escuchar el Stabat Mater de Pergolesi. Sé o me formo el juicio de que es bello cuando lo he escuchado (otra cosa es que mi juicio sea correcto o no) y por mucho que me expliquen cómo es el Stabat Mater de Pergolesi no podré decir si es “maravilloso”, “celestial”, “sublime” o no sin haberlo escuchado en absoluto. Otra cosa es que como Secuencia y ejemplo de música sacra sea un buen ejemplo (que lo es), que como ejemplo de música barroca sea el ideal (que tengo entendido que lo es). Pero para apreciarlo no tengo que ir fuera del Stabat Mater. Las obras de arte se ejemplifican a sí mismas, son ellas las que dan su propia descripción y enjuiciarlas estéticamente es comprenderlas sin irse a algo ajeno a ellas mismas.

Esta es la teoría Moderna –paradigmática- del juicio estético –a grandes rasgos, bueno bastante grandes rasgos- y es más falsa que un pasaporte yugoslavo con fecha del 2007. Tiene rancio abolengo (Kant, nada menos) e ignora que las descripciones de los objetos siempre están posibilitadas por el lenguaje que manejamos y los signos que empleamos para hablar, oír y ver. Si no he visto en mi vida ni nadie me ha hablado de lo que es una piscina o una ducha, difícilmente puedo apreciar estéticamente algunos cuadros de David Hockney. La primera vez que un neófito oye el órgano de la Catedral de Sevilla no es que no pueda emitir un juicio estético al respecto (“oye, tú qué bonito”, “vaya tostón”) es que no sabe si lo que suena es la trompeta del juicio final (que se lo pregunten a Rilke, si no) simplemente porque no tiene codificado un mínimo reconocimiento o familiaridad con los sonidos que percibe. Si bailo una seguiriya con taconeo enfrente de un dowayo del Camerún, el dowayo no sabe si el taconeo responde siquiera a algo a lo que uno tenga que prestar atención o no.

Pero las obras de arte, además dependen del lenguaje para su percepción y para su apreciación a un nivel más profundo. En occidente –bueno, el único sitio donde hay obras de arte como tal- vienen acompañadas por muchos elementos que son esenciales para apreciarlas. Es más, son parte de la obra de arte: son cosas como su nombre, su autor, su época e incluso un lugar. Normalmente con todos estos datos se hace Historia del Arte. Pero, ¿y el nombre? ¿es sólo parte de la Historia del Arte? Supongamos que estoy ante un dibujo –como el de la ilustración- que ya he empleado en otro posts (Patos y Conejos). Y digo, “mira este maravilloso dibujo hecho por mí, es un pato”, lo que veré en ese dibujo es un pato. “Mira este maravilloso dibujo hecho por mí, es un conejo”, lo que veré es un conejo. La descripción que da el nombre, indica cómo debemos verlo. Nos da instrucciones para su percepción y su apreciación. Si debajo del Moisés de Miguel Ángel, pusiera el letrero “La Ira del Titán” lo que vería sería en lugar de la fuerza divina de la ley representada en un brazo sublime nada menos que lo contrario, la trágica fuerza de una criatura que desafía a los dioses; en lugar de la mirada segura que mira más allá de ese mundo hacia una voluntad que lo gobierna todo, la mirada de un pobre semidiós que no sabe que su poder es limitado. Si debajo del cuadro de Freud escribo “Abandonada” lo que estoy viendo es el cuerpo frío, ya trivial, que es abandonado por alguien (los pies son de alguien que se va). Si debajo del cuadro de Freud escribo “Próxima tentación”, lo que veo es un cuerpo de mujer en toda su objetiva y distante desnudez que sin embargo no es visto así por alguien que se acerca (los pies son de alguien que se acerca) y para el que la carne se sirve en bandeja (para nosotros –irónicamente- un sofá desvencijado). Luego los nombres de las obras de arte son parte esencial de su descripción.

Continuará…entre San Petersburgo y el Sinaí: ¿qué es un Icono?

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Comments

Miguel December 20, 2007 - 3:56 am

Fascinante, Julián, en tu línea. A riesgo de resultar kantiano, me queda una duda pendiente. En tu opinión, ¿en qué cambia el valor estético del cuadro de Botticelli que sea la Primavera o Filología y Mercurio?

Julián Montaño December 20, 2007 - 8:50 pm

Querido Miguel. Pues exactamente la misma diferencia que hay entre la alegoría y el símbolo. Entre una interpretación cerrada y una interpretación abierta. La Primavera, Flora y Céfiro, los comentarios de Vasari, el hecho de que el cuadro fuera él mismo todo un ejemplo de una primavera del arte pictórico, todo invitaba a lo que Kant llamaba “el libre juego de las facultades” o sea a interpretar, a jugar con posibles interpretaciones (dentro siempre de los cánones simbólicos e iconográficos que impone la pintura previa al siglo XIX). La alegoría renacentista con su código cerrado de correspondencias entre objetos concretos e ideas abstractas te deja poco margen, te cierra el cuadro. Allí donde siempre veías la alusión velada a un nuevo culto a la naturaleza, a un resurgir de la Madre Tierra que espera a un Hermes para anunciarse al mundo (¿el propio artista, que termina con la flecha clavada?)…lo que hay ahora es…simplemente la Filología, la representación de un producto cultural concreto, algo menos ambiguo y excitante (bastante menos excitante). Pero además es que es justo lo contrario, allí donde se representaba la Primavera, lo primigenio, lo Original, la Naturaleza que resurge y reverdece, que es capaz de enviar a Eros para que cruelmente le clave una flecha a Mercurio y lo atraiga al vértigo de lo Salvaje, precisamente allí, en la nueva interpretación, lo que hay es lo Secundario, la Cultura, lo Elaborado, la Retórica, la Palabra, el Logos, un simple maridaje entre el intercambio de palabra y el intercambio de moneda, o sea Cultura. Y la verdad es que pasar de Naturaleza a Cultura, hombre, es un cambio ¿no?

Miguel December 21, 2007 - 12:18 am

Pues es verdad, lo cierto es que el ejemplo del cambio de Naturaleza a Cultura te viene como anillo al dedo para la teoría anti-kantiana. Pero, por otro lado, no deja de ser cierto que el cuadro ha pasado a la historia y nos conmueve no por lo que alegoriza (¡cuántas alegorías sutilísimas hay en los almacenes de los museos de tercera!), sino por las curvas, la expresividad de los gestos, lo mágico de la vegetación y la viveza de los colores, todo ello fruto del talento del pintor, y que viene no sólo del arte para imaginar, componer y dibujar, sino del cuidado en componer los colores de su paleta, esto es, de un conocimiento técnico y químico sofisticadísimo. Y sin embargo, el que admira el cuadro no necesita este conocimiento para dejarse fascinar. Sólo percepción estética, tal vez innata, o adquirida, no lo sabría decir.
Pero bueno, todo esto sólo sirve para constatar que aún quedamos kantianos, aunque seamos pocos, como si en Eslovenia uno se aferrase a su pasaporte yugoslavo. En todo caso, para ti y para el paciente lector que haya llegado hasta aquí, kantiano o no, ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

Fouquet January 5, 2008 - 4:16 am

Voy a saltar sobre las mónadas casi asustado. Me parece espectacular la reflexión de cada uno, y posiblemente mi única aportación pudiese ser sobre el proceso de aprendizaje. En temas de arte creo que es soberanamente(de soberanía) importante. La apreciación estética es un proceso de asimilación de elementos culturales, de sintesis evolutivas, de hipótesis abrazadas y aprehendidas y de dialecticas estimulados entre el proceso de fijación de una estetica y de ampliación(o sustitución) por una nueva. Dentro de un contexto cultural y del propio deseo de inmersión en los valores estéticos de una época.
Se requiere una buena actitud que evolucionará mientras el individuo siga interesado en profundizar. Son tan importantes las modas y su evolución, como el aprendizaje formal y su curiosidad, y el estudio o conocimiento de lo que nos interesa o barruntamos nos podría interesar. La ampliación de los campos de interes y la sustitución a veces radical, de un aprecio estético por otro es normal y pienso que saludable.
En mi opinión el tener la cabeza interesada por la evolución estética lleva a pasar de apreciar el casi infantil mueble victoriano ingles- no falto de méritos-, a sumergirte en barrocos, neoclásicos, bauhauses,…etc hasta nuestros dias. En pintura, de escenas de caza y pintura clasica a Bacon Freud o la espectacular pintura contemporanea hindú,china ,arabe que esta posicionándose.
Y lo que es mas importante ver como se abre la cabeza a las nuevas estéticas en una curva extremadamente remuneradora.Como van acomodandose las nieblas estétcas en un cerebro que va satisfaciendose

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