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Nov

Kulturmensch

Written on November 6, 2007 by DeansTalk in Arts & Cultures & Societies

Faust Arantza de Areilza

Siempre me ha fascinado la leyenda de Fausto que hunde sus raíces en
el Medievo y a la que las sucesivas épocas han ido añadiendo sus
interpretaciones. Es, quizá, la idea de la dualidad del individuo la
que subyace en esta leyenda faústica: las complejas relaciones entre el
bien y el mal, el hombre bueno y malo al mismo tiempo, la lucha entre
demonios y dioses en el seno la razón crítica, la idea de las
"afinidades electivas" como decía Goethe, de la ética como elección
personal entre valores en conflicto.

Este mito faústico destila la idea goethiana de que el estudio
propio de la humanidad es el hombre. El Fausto habla del ansia de
sabiduría y de sus límites. Fausto anhela otra alma, una sabiduría sin
límites y la búsqueda del infinito diciendo "Recordad que el diablo es
viejo;envejeced, pues, para comprenderlo".

Como describe José Mª González García en su magnífico libro "Las
huellas de Fausto", las leyes de la afinidad electivas determinan las
relaciones entre los hombres e impregnan toda creación del espíritu
humano. Las afinidades electivas son esas "fuerzas de atracción y
repulsión que mueven los afectos humanos, la contraposición entre
libertad y pasión y la destrucción de los vínculos estables por la
irrupción de un elemento nuevo". Las afinidades electivas son, en
definitiva, la lucha entre el deber y la inclinación.

El Fausto de Goethe vendió su alma al diablo a cambio de tiempo de
aprendizaje y experimentación en su búsqueda insaciable e insatisfecha
de libertad, en un contexto histórico, en el que el hombre pasaba de
ser hombre de cultura a ser hombre de especialidad, en una economía
que, por primera vez, divide el trabajo. De la renuncia a la
universalidad fáustica de lo humano debido a la especialización del
trabajo, moría el Hombre Universal que encarnó Goethe sumido en el
destino.

Como él, creo que el destino no es una imposición divina sino
producto del daimon, "ese demonio interior que mueve los hilos de la
propia vida y a cuyo poder es imposible sustraerse", en palabras de
García González. Y me parece importante recordar la idea esperanzadora
de Goethe sobre cómo, a través de la belleza, se llega a la libertad, y
sobre cómo, la educación estética, consigue reconciliar pasión y razón
armonizando el carácter del hombre.

Pero: ¿Cómo trata nuestra sociedad presente a los hombres y mujeres
que aspiran a ser Hombres de Cultura? ¿Qué se ha perdido con la
desaparición del Hombre Universal? ¿Deberíamos recuperar al
Kulturmensch?

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