Julián Montaño

El método socrático del que nos habla Santiago en su post pervivió en la cultura occidental en la forma de Escuela, el particular método de enseñanza y aprendizaje de la Edad Media y que se eclipsó con el comienzo de la ciencia moderna (Bacon en Inglaterra, el giro copernicano, los Kepler y los Galileo en todo el continente) y la decadencia de la Universidad. La desaparición de esta forma de aprender y enseñar (bueno se quedo en los subterráneos de las universidades inglesas y especialmente en las escuelas de derecho anglosajonas para resucitar en EE.UU. mucho más tarde) tiene que ver con un cambio en la idea de lo que es el saber. El cambio, que se produjo entre los siglos XVI y XVII es el cambio de una idea del saber o epistemología no fundacionalista a otra fundacionalista. El fundacionalismo en teoría del conocimiento (Epistemología) es uno de los dogmas de la cultura occidental moderna que más ha perdurado -tanto que en parte se ha incorporado al sentido común, o al menos al sentido común de las comunidades más letradas de la civilización occidental. Su padre es Descartes y ha estado vigente en filosofía y en las ciencias hasta hace poco y todavía mantiene su inercia.
El fundacionalismo consiste en sostener las siguientes premisas. Saber es tener una creencia verdadera y justificada. Tener una creencia justificada es que nuestra creencia se apoya (se deduce) de otra creencia más básica (anterior, o bien más general, o bien más particular y cercana a la experiencia, etc.) y así sucesivamente hasta llegar a creencia básicas en sentido estricto o fundacionales. Las creencias fundacionales son creencias tan evidentes que todo el mundo acepta o tan elementales como creencias cuyo contenido nos lo da la experiencia de los sentidos. El cuerpo del saber (bien sea una ciencia o bien sea mi conjunto completo de creencias, o sea todo lo que sé) es realmente conocimiento si guarda esta estructura arquitectónica (cuando se invento el fundacionalismo en el XVII a los filósofos les encantaba ese tipo de metáforas tomadas de las artes que estaban de moda: pintura y arquitectura, arquitectura en este caso): en la base creencias tan básicas que son justificadas por sí mismas (autoevidentes) o por la insoslayable experiencia y, como ladrillos que se apoyan unos en otros, creencias más complejas o más lejanas a la evidencia que dependen de las primeras. Si no se apoyaba así una creencia, aunque fuera verdadera, no estaba justificada, por lo tanto no era conocimiento (pongo la adversativa “aunque fuera verdadera” porque puedo llegar a tener una creencia verdadera por error o casualidad, como cuando acierto el nº de la ONCE).
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